EL COMENTARIO DE HOY

Juan Pérez Audelo/ Columna 

México vive, sin duda alguna, una severa crisis migratoria. Del discurso del inicio de gestión del presidente López Obrador, de bienvenidos nuestros hermanos centroamericanos que buscan el sueño americano, ofreciendo visas humanitarias y hasta fuentes de trabajo, a lo que vemos hoy, hay una diferencia abismal. El trato de funcionarios y elementos del Instituto Nacional de Migración a migrantes haitianos, venezolanos, hondureños, nicaragüenses y otros, que han estado durante meses varados en Tapachula, refleja un esquema violatorio en todos los sentidos, a los derechos humanos.

Las imágenes que se han visto, de verdaderas cacerías humanas de haitianos; tundidos a golpes en el piso; peor que delincuentes, en las caravanas que en breve podrían estar en territorio oaxaqueño, dejan entrever una política migratoria contradictoria y torpe. Al principio complaciente y humanitaria; hoy represiva y autoritaria. Jamás vimos escenas tan deplorables como las de estos días. De aquel país de tránsito, vía llana para los Estados Unidos de América, devino pronto un infierno, gracias a la sumisión gubernamental a las políticas racistas y discriminatorias.

Y el gobierno del vecino país sigue apretando, frente a una política exterior bilateral errática y, a la vez, en constante jaloneo con los vecinos del Norte. ¿Qué hará el gobierno federal con una frontera sur porosa, en donde penetran miles de migrantes ilegales y una frontera norte, saturada por aquellos que esperan asilo, pero que ya no caben en los albergues oficiales y humanitarios? ¿Seguirá impidiendo que las caravanas continúen su camino a golpes y catorrazos o se aplicarán los protocolos de la Organización de las Naciones Unidas y de la propia Comisión Nacional de los Derechos Humanos?

En Oaxaca, históricamente, los derechos de los migrantes han sido violentados de manera sistemática. Hay sospechas de que las estaciones migratorias de Novillero y La Ventosa, por ejemplo, no son ajenas al tráfico humano. El hacinamiento en los centros de detención y los tratos inhumanos, contrastan con las exigencias diplomáticas de nuestro país, al pedir para los mexicanos que son detenidos en la frontera norte, antes de deportarlos, un trato digno.

Hay razón, afirman investigadores del fenómeno migratorio, que los mexicanos sean considerados enemigos mortales de los centroamericanos y otros que llegan a los Estados Unidos. Su paso por este país es un infierno. Más aún, si escapan de algunos grupos criminales que los asedian, igual que los de Migración, en su paso por Veracruz, Tamaulipas, el centro o norte del país.

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