EL COMENTARIO DE HOY

Columna/ Juan Pérez Audelo 

Estamos en pleno mes patrio. El tiempo cuando aflora el espíritu patriótico -o patriotero, como le dicen con ironía-. A diferencia de otros años, cuando calles, casas, edificios públicos se pintan de tricolor, hoy ese espíritu se advierte más austero. La instrucción oficial es suspender los festejos patrios para evitar la propagación del virus que hoy en día, nos ha mantenido en zozobra. Pero los habrá que sigan desafiando a la muerte. Total, muchos seguirán a pie juntillas la sentencia de José Alfredo, que la vida no vale nada.

Nadie como el desaparecido Octavio Paz, pintó tal cual, a los mexicanos, después de Samuel Ramos, autor de “El perfil del hombre y la cultura en México”. Hace 70 años describió como ningún escritor o filósofo, nuestra identidad e idiosincrasia; nuestras tradiciones y rituales. El calendario nacional -decía- está poblado de fiestas. En efecto, aún en las comunidades más recónditas, el país entero grita, reza, come o se emborracha en honor del Santo Patrón o del héroe nacional.

Cito al Premio Nobel de Literatura 1990: “Cada año, el 15 de septiembre, a las once de la noche, en todas las plazas de México celebramos la Fiesta del Grito; y una multitud enardecida efectivamente grita por espacio de una hora, quizás para callar el resto del año… la noche se puebla de canciones y aullidos. En los festejos patrios, el mexicano silba, grita, canta, arroja cohetes, descarga su pistola. Descarga su alma. Y las almas estallan como los colores, las voces, los sentimientos”.

Somos pues un pueblo ritual, que lo mismo festejamos a nuestras imágenes religiosas o héroes nacionales que, a los políticos de moda, extasiados del incienso de los seguidores y fanáticos. Y así como nuestros símbolos patrios, han ido apareciendo nuevas especies a festejar. Decía, con ironía, Carlos Fuentes, otro de nuestros grandes de la literatura: “no sólo de urnas vive la democracia y aquí y en cualquier parte del mundo, hay que crear fechas memorables que a la gente le dé orgullo, memoria a los amnésicos y porvenir a los insatisfechos”. 

A 211 años del inicio del movimiento de independencia, el país no ha superado el rezago y la pobreza. Seguimos oyendo promesas, pero viviendo desencantos. Los momentos épicos sólo han quedado para crear en los niños conciencia nacional, pero en la práctica, no es vaga la memoria que refiere un país destrozado por la violencia, teniendo como telón de fondo la promesa eterna de un futuro mejor. Aprovecho para reiterar mi reconocimiento y felicitación a mis amigos concesionarios y colaboradores de ORO RADIO, en ocasión del día dedicado a los locutores, por este oficio tan comprometido con la información y la verdad.

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