Juan Pérez Audelo/ Columna 

Si hay algo que lastima a los oaxaqueños es el sobado mensaje de que Oaxaca es una de las entidades más seguras del país. Cada que se da un hecho delictivo de alto impacto vuelven al escenario político, estadísticas y números para validar dicha tesis. Sin embargo, en el imaginario colectivo, si bien no estamos como Michoacán, Guanajuato, Guerrero o Tamaulipas, tampoco somos un remanso de paz y seguridad. Por lo que ha ocurrido en los últimos tiempos, en hechos delictivos que se cometen a plena luz del día, nada nos hace diferentes a entidades con altos índices de criminalidad.

La falta de coordinación entre gobierno local y estatal en materia de seguridad, ha exacerbado la comisión de delitos graves en el entorno citadino. En días pasados se han dado al menos tres ejecuciones en la capital y municipios conurbados. Ello sin soslayar actos similares en el interior del estado y los abominables feminicidios, que sólo hace dos fines de semana fueron cinco. En descargo, los responsables de las áreas pueden decir que se trata de un problema nacional. No les hace falta razón. Precisamente por ello, debe evitarse echar las campanas al vuelo para repetir, una y otra vez, que somos una entidad segura. Y batir palmas.

Hay temas que han trascendido el territorio mediático estatal y han sido nota nacional. Por ejemplo, el caso de un dron que grabó el ataque al domicilio de un agente municipal de Santa Catarina Yosonotú, quien fue asesinado. Ello después que autoridades de dicho municipio y su vecina, Santa Lucía Monteverde, con quien libran un viejo lío agrario, firmaran ante la Secretaría General de Gobierno, un acuerdo de paz. Los hechos se transmitieron en un noticiario nocturno de televisión. En otro entorno, cámaras domésticas de video, han grabado en la capital oaxaqueña, asaltos a transeúntes y domicilios. Hasta los delincuentes han sido identificados.

El área de la Central de Abasto es, hoy en día, una tierra de nadie. Plagada de antros y centros de vicio, se ha convertido en rehén tanto de delincuentes de alto espectro, como de raterillos y otras especies nocivas. Y las veces que el gobierno municipal ha intervenido, le ha salido -así literal- el tiro por la culata. No existe pues, tal como lo hemos visto hoy en día, una estrategia que permita entender que, en efecto, las dependencias tanto estatales como municipales, están cumpliendo con su labor.

Lo único que trasciende son declaraciones que algunos titulares repiten como loros, pero de acciones, operativos, programas de coordinación policial y con Fuerzas Federales, que den resultados, nada más no.

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