EL COMENTARIO DE HOY

Juan Pérez Audelo/ Columna 

La semana anterior –y lo que va de ésta- no ha sido diferente a muchas que hemos vivido. La protesta exacerbada de sindicatos, trabajadores con amenaza de despido, normalistas o el chantaje de dirigentes de organizaciones sociales, han sido el pan de todos los días. Sólo pocos escapan al uso del aberrante método del bloqueo a calles, cruceros o carreteras. Un ejemplo. Un infierno para la ciudadanía fue la presión del Sindicato de Trabajadores y Empleados de la Universidad Autónoma “Benito Juárez” de Oaxaca –el STEUABJO- que cerró, durante toda la semana pasada, Avenida Universidad, el crucero de “Cinco Señores” y el Boulevard Vasconcelos.

Sin temor a equivocarme, Oaxaca padece, como ninguna entidad en país, el Síndrome de la movilización perpetua. No hay un solo día en que el ciudadano pueda transitar de casa a su trabajo o viajar por las carreteras del estado, sin padecer este tipo de agravios al libre tránsito. El bloqueo se ha vuelto una institución y un instrumento de presión. El destinatario es el gobierno. Pero al amparo de la infame bandera de que se trata de libre expresión, las autoridades lo han permitido, porque existe temor a violentar los derechos humanos. ¿Y quien padece los coletazos, el pueblo inerme, no los tiene?

En la génisis del bloqueo se advierten varios factores. Uno: se ha convertido en un mecanismo de chantaje para obligar al gobierno, en sus tres órdenes, a cumplir sus promesas y atender a los inconformes. Dos: colonos, indígenas, comuneros, trabajadores u otros, recurren al mismo en un intento desesperado por hacerse escuchar, con demandas sociales genuinas o no, y tres: es el arma favorita de líderes y falsos redentores sociales que, en su supuesta lucha, ya están habituados a usar el bloqueo como mecanismo de extorsión.

El STEUABJO, por ejemplo, ha exigido al gobierno estatal el pago de 12 millones de pesos, como un supuesto bono de productividad y eficiencia. Muchos nos preguntamos, ¿luego de 18 meses de no trabajar; de estar en su casa por la pandemia de Covid-19, con qué calidad moral exigen un pago adicional, teniendo enfrente a una institución, saqueada y descapitalizada? Los seis o siete sindicatos que medran del presupuesto universitario, han obligado a la UABJO a no cumplir con sus compromisos con la academia y la investigación.

Otra mas. Luego del compromiso que asumió el presidente de México en su última visita, para buscar acomodo a los trabajadores del sector salud, que quedarían sin trabajo, ¿por qué siguen las marchas diarias? Lo dicho pues. Nuestro sino es la movilización perpetua, el chantaje y la presión. A nivel nacional podemos ir a la zaga en diversos rubros, pero en marchas, plantones y bloqueos, nadie nos gana. Ni más, ni menos.

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