EL COMENTARIO DE HOY

Juan Pérez Audelo/ Columna 

La Sexagésima Cuarta Legislatura del Estado vive sus últimos días. Concluyó su período ordinario de sesiones. Calificada como la peor de la historia política de Oaxaca, sus miembros –con sus respetables excepciones- asumieron con singular cinismo este penoso calificativo. Más bien, se han regodeado en el mismo. El Consejo Mexicano de la Competitividad la calificó como una de las más onerosas e improductivas del país. Nosotros le acuñamos otro término nada loable: rapaz, luego de las prácticas penosas y corruptelas en que algunos se vieron involucrados.

Los que se van y los que se quedan, pues muchos fueron reelectos, llevan consigo el estigma del doble discurso, la doble moral y la de depredadores del erario oaxaqueño. A lo largo de su lamentable desempeño de tres años, costaron al mismo más de 2 mil millones de pesos. Es un agravio a una entidad con más de un millón de ciudadanos en la pobreza, con graves rezagos y marginación. Pregunto: ¿hay algo que discutieron y aprobaron: decreto, iniciativa, exhorto o punto de acuerdo, que haya contribuido a mejorar la calidad de vida de los ciudadanos? La respuesta es no.

Lo único que el ciudadano de a pie pudo observar fue una guerra de baja intensidad por el manejo del presupuesto, en la bancada de Morena; por la asignación de obras públicas, que los representantes populares han tomado como si fueran propias y un serio conflicto de intereses para llenar las alforjas. No fue fortuito tampoco el manejo del presupuesto de municipios a través de despachos de socios o cómplices; de imposición de administradores municipales, de constructoras o funcionarios, a los que mañana o pasado les cobrarán el favor.

Quien llegó con los ojos cerrados en el quehacer parlamentario -es decir, la mayoría- con certeza sigue igual, pero más avezado en los negocios que se hacen desde la curul. El nepotismo tuvo su mejor expresión. Familias completas sorbiendo de la ubre legislativa, sin recato alguno. De aquella Ley de Responsabilidades de los Servidores Públicos, que prohíbe a un funcionario o legislador tener parientes cercanos en cargos de dirección bajo el mando de los primeros, fue letra muerta.

No es cosa menor para el pueblo oaxaqueño mantener a un Congreso local con 42 diputados, de los cuales 25 son de mayoría relativa y 17 de representación proporcional. De tolerar, además, su insaciable ambición pecuniaria. Pueblo pobre con diputación obesa, improductiva, onerosa y voraz. Urge una reforma política para adelgazar dicho órgano que, obviamente, nunca vendrá de los partidos políticos, sino de la presión de la sociedad civil.

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