EL COMENTARIO DE HOY

Juan Pérez Audelo/ Columna 

La semana anterior, los oaxaqueños vivimos un infierno de bloqueos y atropellos a los derechos civiles. Ésta no es diferente. No existe justificación alguna para que grupos, organizaciones o sindicatos, con la bandera o demanda que enarbolen, se conviertan en acicates para impedir la libre circulación, un derecho consagrado en nuestra Carta Magna. Los bloqueos que han ahorcado la ciudad y al estado, que condenan a los ciudadanos a caminar largos trechos; que obstaculizan el transporte público y se convierten en dolor de cabeza para quien por necesidad o trabajo se ve atrapado en calles y carreteras, deben acotarse bajo formas enérgicas.

Esta práctica –y lo hemos mencionado en este espacio radiofónico- ha devenido una especie de institución para el chantaje y la extorsión. Poner a la ciudadanía inerme, como rehén de las pasiones y debilidades de dirigentes sin escrúpulos, para hacer reaccionar a ediles omisos o funcionarios irresponsables, es una bajeza y cobardía. Y no nos referimos sólo al Sindicato “3 de Marzo”, a donde están afiliados los trabajadores de limpia del ayuntamiento capitalino, sino a todos aquellos que viven de la dádiva del gobierno.

Nada, absolutamente nada podemos esperar de nuestra representación popular, en aprobar alguna ley que limite dicha práctica. Algunos de nuestros legisladores federales o locales, sobre todo llamados a sí mismos de izquierda, provienen de esa cultura. El bloqueo de calles y carreteras ha sido su inspiración. Tampoco debemos esperar nada de las autoridades estatales. La lucha por respetar el derecho a la libre circulación debe provenir de la sociedad civil organizada: vecinos, empresarios, transportistas, prestadores de servicios, comerciantes, comuneros y autoridades municipales.

En julio tuvimos dos ejemplos en verdad dignos de mención. Cuando militantes y dirigentes del Movimiento de Unificación y Lucha Triqui Independiente –el MULTI- bloquearon por cuatro días la carretera internacional a la altura de Hacienda Blanca, vecinos de San Pablo, Etla, exigieron liberar la circulación. Hubo violencia, es cierto, pero se restableció el libre paso. Algo similar ocurrió, se sabe, cuando maestros bloquearon el crucero del Aeropuerto. Hasta ahí llegaron pobladores de San Agustín de las Juntas. Y advirtieron en tomar medidas enérgicas.

Insistimos: los oaxaqueños no merecemos vivir acotados, secuestrados o alienados por grupos y dirigentes. Debemos defender nuestro derecho a vivir en paz. Tampoco esperemos que la salvación provenga de la aplicación de la ley, lo cual, al menos en estos tiempos, nunca ocurrirá. El miedo para aplicarla es mayor que el daño que esta aberrante práctica sigue ocasionando al pueblo inerme.

No hay comentarios

Dejar respuesta

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.