EL COMENTARIO DE HOY

Juan Pérez Audelo/ Columna 

El fenómeno de la migración ni es actual ni, mucho menos, exclusivo de lo que hemos vivido en México, con miles de migrantes indocumentados que cruzan el país en su ruta a los Estados Unidos. Los flujos migratorios se han exacerbado en los últimos tiempos. Por un lado, fue la política inicial del presidente López Obrador, respecto a “nuestros hermanos de Centroamérica”. Incluso se habló de ofrecerles empleo temporal.

Sin embargo, las presiones del gobierno de Estados Unidos y la amenaza cumplida de la construcción del muro en nuestra frontera norte, hicieron desistir de esa visión humanitaria. Nuestro gobierno se convirtió en una especie de guarura del patio trasero de la Unión Americana. Las deportaciones y detenciones están a la orden del día, aparte, por supuesto, de tratos denigrantes en contra de los migrantes. Persecución y repatriaciones, son el complemento de esta política errática.

A pesar de las acciones para contener las oleadas migratorias, al país entran por miles, a veces en caravanas, por una frontera sur porosa y accesible al tráfico humano. Oaxaca es un paso obligado de miles de ellos. Y también parte del infierno que viven africanos, guatemaltecos, haitianos, salvadoreños, hondureños y demás. Hay fuentes que revelan las operaciones que se dan en las garitas del Instituto Nacional de Migración o en los supuestos retenes de la Guardia Nacional, la Policía Estatal y la Agencia Estatal de Investigaciones.

Decir migración ilegal es sinónimo de dólares, magros recursos que traen consigo quienes se internan y transitan en el país de manera ilegal. Los permisos temporales no interesan a quienes los bajan de los autobuses o tractocamiones para recibir el soborno y permitirle el libre tránsito. La idea es, exprimirles hasta el último dólar o peso. El negocio es tan rentable que, hasta presidentes y presidentas municipales en funciones o electos, le entran al tráfico humano.

Y con soberbia absoluta cierran los accesos a sus comunidades, con el ardid de la seguridad o para mantenerlas libre de contagios de Covid-19. El tráfico de indocumentados en poblaciones del Istmo se lleva a cabo con total cinismo. Igual se da por tierra o por mar; en terreno llano o en montañas; cerca de las vías del tren o hasta en taxis foráneos. Es pues, un negocio, que en las cúpulas gubernamentales se niegan a ver.

No es pues, sólo el gran negocio de los grupos criminales que los reclutan, secuestran, extorsionan o asesinan. También impacta en las corporaciones policiales de los tres órdenes de gobierno. Y nos preguntamos: ¿y dónde están los enjundiosos defensores de los derechos humanos? ¿Dónde los visitadores de la CNDH o de la Defensoría de los Derechos Humanos del Pueblo de Oaxaca? Es una pregunta.

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