EL COMENTARIO DE HOY

Juan Pérez Audelo/ Columna 

La semana pasada estuvo en territorio oaxaqueño el Embajador de los Estados Unidos en México, Kenneth Lee Salazar. A diferencia de sus antecesores, revela un gran activismo diplomático. Y viajó a la región istmeña. Ahí, el gobernador le mostró las bondades y riqueza de una de las regiones históricamente más estratégicas del país. Pero, sobre todo, los avances del Corredor Interoceánico del Istmo de Tehuantepec, uno de los proyectos emblemáticos del gobierno de la llamada Cuarta Transformación.

En una reunión posterior, con sus homólogos de Chiapas, Veracruz, Campeche, Tabasco, Yucatán y Quintana Roo, el ejecutivo estatal ponderó el potencial que tenemos los oaxaqueños en diversos rubros de la economía: turismo, minería, producción de mezcal, particularmente el citado proyecto de desarrollo en el Istmo, entre otros. Y en efecto así es. La riqueza que poseemos es indiscutible, particularmente, un atractivo para las inversiones. Lo grave es que cada uno de esos rubros está bajo fuego.

Somos el estado más emblemático en la producción de mezcal. Pero la denominación de origen se ha ampliado tanto, con una visión oficial tan torpe, que hace poco más de una semana, en el Diario Oficial de la Federación figuran al menos cuatro sitios de Sinaloa que tienen ya el reconocimiento. Hay otros más en Zacatecas, Puebla, Estado de México, Michoacán y Aguascalientes. Tal parece que el llamado Consejo Regulador de la Calidad del Mezcal (Comercam), cayó en manos de los productores de tequila. El boom del mezcal, parece estarse yendo por la borda. Pareciera extraño y contradictorio, pero el gobierno estatal tiene mucho que ver.

Oaxaca es uno de los diez estados del país con mayor riqueza minera. Sexto productor de oro. Tenemos minerales estratégicos como uranio y litio. Además, claro, de otros metálicos y no metálicos. En la zona de Amoltepec y Zaniza, en la Sierra Sur, se localiza uno de los yacimientos de hierro más ricos del mundo. Pero no se pueden explotar. Es tal la efervescencia de grupos y organizaciones, presuntamente anti-minas, que se han dedicado a torpedear cualquier inversión y polarizar a las comunidades, con el ardid de la defensa de los recursos y la cultura indígenas.

El mismo Corredor Interoceánico tiene una serie de obstáculos. En el Istmo, a diario se montan hasta seis bloqueos. Las protestas de empresarios y comerciantes se han desoído. Grupos de presión, organizaciones sociales y líderes sin escrúpulos van sobre dicho proyecto, igual que han obstaculizado la instalación de parques eólicos. Tenemos mucho, pero estamos montados sobre vetas de oro y seguimos pobres. La razón es una: el miedo para aplicar la ley y poner por encima de políticas de chantaje y presión, el bien de la sociedad.

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