Patricia Briseño

OAXACA, Oax. Los terrenos de cultivo de las flores de cempasúchil, asentados en el valle central de Oaxaca, donde hoy predomina el color naranja, deleitan la mirada y los sentidos en otoño, sin embargo, son tiempos aciagos para los productores debido al cambio climático y a la invasión masiva  de las plantas procedente de China.

Oaxaca, es una de las 10 entidades productoras de la flor, que toma notoriedad durante la celebración de Muertos y Fieles Difuntos, cuando se registra la mayor producción de cempasúchil y cresta de gallo o borla, que adornan los altares, porque se dice que “en conjunto con el incienso y el copal, sirve para guiar a los muertos de regreso al mundo de los vivos, para acudir a los que fueron sus hogares”.

En la entidad, la Secretaría de Desarrollo Agropecuario Pesca y Acuacultura (Sedapa) tiene el registro que en las regiones de los Valles Centrales y Mixteca principalmente, se destinan alrededor de 47 hectáreas de terreno para el cultivo.

Los terrenos de La Ciénega Zimatlán, Zaachila, San Antonino Castillo Velasco, Tlacolula, Mitla y Valle de Etla, lucen tapiados de cempasúchil o “flor de los 20 pétalos”.

El Servicio de Información Agroalimentaria y Pesquera (SIAP) reportó que en el 2018 se produjeron en el estado 320 toneladas de flor, sin embargo, los años siguientes la producción fue ligeramente menor, debido a la situación de las lluvias que se retrasaron en 2019 y 2020, aunque, la producción estuvo garantizada.


ESCASEZ DE AGUA LA MAYOR DIFICULTAD

José Luis García Casas, productor de flor de cempasúchil en la comunidad La Libertad Xochimilco, en el municipio de Magdalena Apasco Etla, sostuvo que la mayor dificultad que enfrentó el año pasado en la producción de cempasúchil fue la falta de lluvias en tiempo y forma.

 “El año de la pandemia si lo vimos complicado porque las lluvias cayeron muy tarde y esto nos obligó a recurrir al riego para que nuestra producción de flores se logrará. Con el cambio climático no se sabe si será húmedo, frío o calor ”, dijo.

A partir de esta experiencia, el productor trabajó alternativas de adaptación para evitar que el desarrollo de la planta no se viera afectado por los cambios de clima; realizó ajustes al momento de transplantar el esqueje en la tierra para que inicie el proceso de reproducción de la planta, y “no le ganen las fechas”.

Según mencionó, este año solo sembró un cuarto de hectárea de cempasúchil y borla. El cempasúchil comienza a trabajarse a partir del mes de julio y se cosecha a principios y mediados de octubre. Luego de esto su tiempo de venta es de 15 a 20 días, junto los primeros días de noviembre; de lo contrario, se traduce en pérdidas económicas. 

Al igual que José Luis, otros campesinos en este punto del Magdalena Apasco, en las localidades vecinas del Valle de Etla, inician el cultivo de cempasúchil a partir de agosto y cosechan en la última semana de octubre; un negocio que le da sustento a sus respectivas familias.

POSIBLES EFECTOS DEL CAMBIO CLIMÁTICO

Carlos Barragán García, ingeniero en agroecología experto en adaptar sistemas de producción a pequeña escala al cambio climático, expuso que en los últimos años se ha detectado un incremento en la temperatura que repercute en el desarrollo y floración del cempasúchil, “por lo cual una de las estrategias que se han implementado en modificar la fecha de siembra y el manejo del cultivo”.

Refirió que acuerdo con datos climáticos proporcionados por el doctor Kai Sonder del Centro Internacional de Mejoramiento de Maíz y Trigo (CIMMYT) se observa un incremento de 2 grados centígrados en el promedio de la temperatura máxima mensual, de los meses de julio a octubre (periodo de siembra, desarrollo y cosecha del cempasúchil en la zona) en el municipio de Magdalena Apasco de 2007 al 2020. “Lo cual cuantifica la percepción de más calor en la comunidad”, asentó.

“Cuando no se realizan actividades de adaptación de los cultivos al cambio climático se obtienen resultados negativos para el productor, para el caso específico del cempasúchil se obtiene flor de menor calidad que es castigada por el mercado con un menor precio o incluso negar la compra”.

“La flor de cempasúchil  está directamente vinculada con  cultura en México, esto hace necesario, que como expertos nos unamos a los productores, y juntos adaptarnos para mitigar los efectos de un futuro escenario con incremento en la temperatura y escasez de agua, no solo desde la agricultura si no en las demás áreas de la vida cotidiana”, consideró Barragán García, también colaborador del CIMMYT.

LA AMENAZA DEL SOL NACIENTE

En la actualidad, el mercado del cempasúchil en México está dominado por la variedad marigold de maceta; surge del cultivo de semilla importada y modificada en países como China e India.

Sin embargo, esta variedad ha probado no ser sostenible para el campo mexicano pues ha orillado a los productores  a abandonar variedades nativas.

Las semillas han sido genéticamente modificadas para conseguir colores más intensos y ciclos de cultivo más cortos.

Angélica Cervantes Maldonado, especialista en especies prioritarias de la Comisión Nacional para el Conocimiento de la BIodiversidad (CONABIO)  informó que la popularidad de la cempasúchil, conocida como marigold, es la que se promueve  masivamente en el mercado debido a que es de talla pequeña y de fácil transportación en macetas.

A esta  variedad se le considera “marchitas”, pues son incapaces de germinar, tampoco generan aceites, por lo que no emana el olor característico.

Ante la importancia del rescate del cempasúchil nativo precisó que las especies mexicanas corresponden a la tagetes erecta y tagetes patula, tiene tamaño ideal y se vende en racimos. Esta variedad genera semillas fértiles y pueden ser almacenadas para su cultivo

“Al adquirir flores nativas  se contribuye a preservar la diversidad  de plantas nativas cultivadas y desarrolladas en el campo mexicano”, subrayó la bióloga. 

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