Foto: Pixabay
Citlalli López 

OAXACA, Oax. A lo largo de cien años desde su taller, las manos de la familia González han escrito sobre lápidas de mármol el último adiós a cientos de personas fallecidas en Oaxaca victimas de enfermedades, muerte natural, sismos o hechos violentos.

Adolfo González Ruíz, tercera generación de marmoleros relata que el oficio llegó a Oaxaca de Juárez a través de una persona de origen español.

Él fue quien enseñó a Francisco González Rubiera, quien a su vez enseñó a sus hijos Gerardo y Efrén, así como a sus nietos, Adolfo entre ellos.

En aquellos años, eran tres los talleres existentes; dos de los González y uno de los Peña, que también fueron semillero para la creación de decenas de talleres en municipios conurbados a la capital.

El taller de la familia González se encuentra ubicado sobre la calle de Panteón y está envuelto por una bruma que genera el polvo del mármol al ser trabajada.

A golpe de cincel se forja el oficio, con taladros y brocas se va delineando, unos tallan, otros marcan, mientras unos más vacían yeso sobre moldes de angelitos, vírgenes o santos que estando en el panteón se vuelven los vigías y guardianes de los sepulcros. Así lo han hecho por varias décadas, aunque paradójicamente con la pandemia en menor cantidad.

Adolfo explica que, esto se debe a distintos factores; por un lado que los fallecimientos al ser inesperados no daban tiempo a las familias para comprar un sepulcro, por otra parte los procesos burocráticos y también las recomendaciones que en su momento se hicieron para cremar los cuerpos y no enterrarlos.

La demanda ha bajado -señala-, sin embargo sigue siendo lo suficientemente noble para seguir generando el sustento de cada uno de los trabajadores y sus familias.

“La marmolería es un oficio donde se corta, perfora, rebaja, modela, pule y abrillanta la piedra que se utiliza en algunos casos para tableros de cocina, pavimentos, sanitarios, anaqueles, escalones, columnas y lapidas”, refirió.

El trabajo -señaló- es igual de valioso que muchos otros, para realizarlo se requiere de mucha fuerza y precisión.
A partir de este trabajo, Ángel, quien colabora en el lugar también se volvió artista plástico y realiza bellas esculturas.

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