EL COMENTARIO DE HOY

Juan Pérez Audelo/ Columna 

Sería un absurdo criticar o descalificar los esfuerzos del gobierno estatal para mostrarle al mundo, en este caso a los norteamericanos, el rico potencial de nuestro estado en diversos rubros. Nos referimos al evento denominado “El mes de Oaxaca en los Estados Unidos”. Asimismo, la instalación de dos alebrijes gigantes en el Rockefeller Center en Nueva York. Los diversos eventos e inauguración de muestras de folklore, gastronomía, obras artísticas y reuniones en la capital federal, Washington, D.C.

Siempre será un mérito mostrar la cara bonita; la faceta opuesta de una entidad sumergida de manera cotidiana en conflictos sociales, exigencias, líos agrarios y la práctica común del chantaje. Un constante dolor de cabeza para sus autoridades. Y es que Oaxaca no es el remanso de paz que a veces quisiéramos, sino un estado perpetuamente convulsionado. Mientras se mostraban en la Unión Americana las bondades oaxaqueñas, aquí los problemas jamás cesaron.

El desabasto ominoso en el Hospital Civil “Aurelio Valdivieso” y el Centro de Transfusión Sanguínea, que muestra la apatía para resolver cuestiones elementales. Los bloqueos carreteros en el Istmo; los enfrentamientos entre comunidades, como es el caso de San Esteban Atatlahuca o el conato de violencia entre comerciantes ambulantes y la Policía Estatal en la capital oaxaqueña, luego de que los primeros fueron desalojados del Centro Histórico. Ello, justo cuando los prestadores de servicios turísticos veían un poco de luz al final del túnel.

Es cierto, somos un pueblo con una gran cultura y potencial de recursos naturales. Un estado que, en otras circunstancias, podría ser un atractivo para grandes inversiones. Pero también, una entidad en la que se protesta por todo. Lo mismo por la construcción de un Centro Gastronómico que por los parques eólicos; igual por una obra clave como es el Proyecto de Símbolos Patrios que por la puesta en marcha del llamado Citybus. Es decir, el oaxaqueño -es obvio que no todos- es opositor a todo cambio por sistema.

En el resto del país y allende las fronteras, nuestro terruño es único y excepcional. Pero no todo es belleza, tradición, pueblos originarios, Guelaguetza, Día de Muertos o Noche de Rábanos. La inconformidad tiene raíces profundas. Quien no lo entienda así maquilla la realidad. Sin pesimismo alguno, ¿qué tanto podemos esperar del famoso “Mes de Oaxaca en Estados Unidos? Supongo que muy poco. Es similar a las ferias turísticas de España o Alemania. No más que viajes de placer para algunos o más bien, turismo institucional.

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