EL COMENTARIO DE HOY

Juan Pérez Audelo/ Columna 

Nuestra capital oaxaqueña y en general los destinos turísticos del estado, parecen estar sometidos a los vaivenes de temporada. Acabó la del Día de Muertos y ya se espera la de Navidad, particularmente La Noche de Rábanos. Si bien la pandemia ha dado al traste con fechas y escenarios, no existe un plan que contemple un programa permanente de promoción, como existe en otras entidades que publicitan sus destinos en televisión, periódicos o revistas.

Oaxaca es mucho más que fechas y festejos de temporada; mucho más que nuestros íconos de la gastronomía sofisticada, a donde a la yerba santa le dicen hoja santa; artistas ya reconocidos o danzas. Mucho más que alebrijes, Guelaguetza, la Danza de la Pluma o Flor de Piña. Es también, el barro negro de Coyotepec, la loza verde de Atzompa o las artesanías de carrizo de San Juan Guelavía. Es, asimismo, textiles de Teotitlán del Valle, de Mitla o Xochimilco, hechos en telares artesanales.

Tenemos también, aunque seguido se soslayan en la moda y la visión oficial, la artesanía de hojalata, las chamarras de gamusa de Tlaxiaco o Ejutla; los cuchillos y machetes de Ocotlán; las jícaras grabadas de Jamiltepec o los bellísimos bordados de las poblaciones de la Cuenca del Papaloapan o de San Antonino Castillo Velasco. Es decir, hay un universo de creatividad que puede mostrarse al mundo. Ver sólo una parte de lo que hacen o crean las manos mágicas de mujeres y hombres oaxaqueños, es abiertamente discriminatorio.

Además de ello, tenemos también pueblos mágicos que parecen no existir entre lo que podemos ofrecer a México y al mundo. Hay más de mil marcas de mezcal, en sus variedades de agave, la mayoría etiquetados por fuereños o extranjeros, que han encarecido el producto. Una copa de cuishe, madre cuishe, tepeztate, coyote o jabalí, ya no es para el bolsillo de los oaxaqueños. Hay un famoso hotel en el Centro Histórico, en donde una –repito, una- copa de mezcal de Matatlán cuesta 755 pesos.

Hace falta pues –aunque en la actual administración puede ser algo tardío- una plan para el aprovechamiento óptimo de la industria sin chimeneas, que incluya lugares de ecoturismo y otros. Dejar atrás los mitos, que circunscriben a la entidad sólo a la moda sexenal, que impide ver todo este maravilloso universo que este sufrido estado puede ofrecer. Hay mucho por hacer, pero tal vez hace falta imaginación o simplemente esa abulia que se observa en los gabinetes estatales, cuando el ocaso de una administración está cerca.

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