Juan Pérez Audelo/ Columna 

Este 13 de noviembre, concluye funciones la Sexagésima Cuarta Legislatura del Estado. Cierra su ciclo la que ha sido calificada como la peor en la historia política de Oaxaca. Onerosa, improductiva y voraz, fueron algunos de los calificativos que se le acuñaron. Y no fueron fortuitos. Su poca productividad se reflejó en leyes aprobadas que son letra muerta, como la que prohibía la venta de agua o refrescos en envases de un solo uso, denominada Ley de Residuos Sólicos o la llamada Ley Antichatarra.

En las últimas semanas de gestión aprobaron algunas iniciativas que más que simpatía generaron hilaridad. Como aquella por la cual, menores de doce años puede definir su pertenencia a determinado género. ¡Ah, pero se les pretende prohibir comprar alimentos y bebidas con alto contenido de calorías! Salvo excepciones, la mayoría llegó a ciegas en cuestiones legislativas. Ignorantes en toda la extensión de la palabra. Y muchos que repiten están igual, pero más duchos en vicios y negocios. Hay que ver los jaloneos hoy en Morena, para montarse en la Junta de Coordinación Política o la Mesa Directiva.

Para el anecdotario político sólo quedaron las frases iniciales de un grupito de diputadas de Morena. Llegaron con la bandera de la austeridad. No a remodelaciones de oficinas y cubículos; no a excesos en boletos aéreos y telefonía celular. En menos de un mes se olvidaron de su descabellada propuesta. Se regodearon en los peores vicios. Nepotismo, corrupción y el famoso “pago por evento”. Fuentes legislativas afirman que la autorizaciòn del préstamo por 3 mil 500 millones de pesos que solicitó el gobernador en octubre de 2019, tuvo un costo adicional de más de 200 millones que se habrían pagado a diputados y diputadas por aprobarlo.

Más de dos mil millones de pesos gastó la legislatura que termina, en los tres años de gestión, sin rendir cuentas a nadie; en absoluta opacidad y discrecionalidad. Es decir, se autorizaron gastos a placer teniendo enfrente a un sistema de salud colapsado por falta de medicamentos; a comunidades con graves rezagos y pobreza. No es descabellado afirmar que el aparato legislativo es demasiado obeso para su costo e improductividad. Desde luego que ningún partido querrá renunciar a sus privilegios.

Es necesario impulsar en Oaxaca una reforma política, desde la sociedad civil. No se puede concebir más esa dualidad maniquea de diputados ricos y pueblo pobre; de un Congreso obeso, de 42 diputados. De legisladores que acuden a la curul sin tener idea de lo que implica la aprobación de leyes y decretos que conlleven a mejorar el marco legal y la calidad de vida de los oaxaqueños. Ahí es donde debe reflejarse con urgencia, la política de la austeridad republicana y no la manga ancha que hemos padecido hasta hoy.

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