EL COMENTARIO DE HOY

Juan Pérez Audelo/ Columna

Este lunes 15 de noviembre, el ejecutivo estatal rindió su Quinto Informe de Gobierno. Estamos ya pues, en la recta final del actual régimen. Sin ánimo pesimista, lo que no se hizo en cinco años difícilmente se logrará en uno. Ello sin tomar en cuenta de que no hay a la fecha, una obra emblemática que sea la insignia de este gobierno. Es cierto, el camino no ha sido llano, sino que ha estado permeado por la tragedia, los siniestros y un mal fario.

Sin hacer comparaciones ociosas, sino sólo para ubicar en el contexto, al gobierno de Diódoro Carrasco se le debe la terminación de la súper carretera Oaxaca-Cuacnopalan; al de José Murat, las universidades regionales y los accesos de cuatro carriles a la capital oaxaqueña. Al de Ulises Ruiz le tocó el adoquinado del Centro Histórico y el embellecimiento de la ciudad, además de los cuatro carriles en el Cerro de “El Fortín”, mientras que al de Gabino Cué, se le reconoce como una de sus obras más relevantes, el puente y paso a desnivel de “Cinco Señores”.

Es cierto, la mayoría de los citados ex gobernadores no padecieron como éste, el duro revés de las sequías, ciclones y sismos como los del 2017; la reconstrucción de 2018; nuevos sismos en 2019 y 2020 o la pandemia que nos ha fustigado y diezmado por cerca de 20 meses. Esto es, como se dice vulgarmente, este gobierno ha traído el Santo de espaldas. Una de las únicas obras trascendentes en el actual régimen es la construcción del Centro Cultural y de Convenciones de Oaxaca, planeado y presupuestado desde el gobierno de Cué Monteagudo.

Lejos de hacer efectiva su promesa de resultados, el actual régimen ha ido arrastrando lastres terribles como el boquete financiero en sector salud, imposible de liquidar en el corto plazo y también, obras aplazadas, algunas por el limitado apoyo de la Federación y las promesas incumplidas, como son las carreteras a la Costa y al Istmo. Las que están en ruta, como el proyecto de Símbolos Patrios, bajo fuego de supuestos grupos ambientalistas. Otras más, como el Libramiento Sur, que seguirán como un anhelo insatisfecho.

Solo queda pues el 2022 que, por si todo lo anterior no fuera suficiente, será año electoral, de una efervescencia política inédita. De muchos aspirantes y encuestas ficticias; de vaticinios y promesas. El trillado discurso de cada proceso de sucesión. Ese lastre de nuestro sistema político, ni bien se cierra un capítulo y se abre otro. Muchos tratan de descubrir el hilo negro de la pobreza, la marginación, los grupos indígenas y otros rubros. Pero, en los hechos, seguimos a la zaga del desarrollo nacional.

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