EL COMENTARIO DE HOY

Juan Pérez Audelo/ Columna

El tema del comercio en la vía pública en el Centro Histórico de la capital oaxaqueña tiene muchas aristas. No es un asunto simple. Hay muchas manos y muchos intereses. Con el desalojo que el gobierno de la ciudad instrumentó en el mes de julio, el cual resultó una especie de juego del gato y el ratón, afloraron señales de corrupción, manejo político, inercias que vienen del pasado y que no han podido subsanarse. Datos recientes revelan que un censo aproximado de 1 mil 600 comerciantes en diversos espacios urbanos es, asimismo, un suculento platillo para funcionarios e inspectores.

En lo personal asumo que para darle una solución definitiva hay que evitar que el fenómeno siga creciendo; darle a quienes viven de este negocio, una alternativa de vida, creando tal vez plazas o espacios en las mismas, de manera regulada. Que el ambulantaje no sea considerado más como un rubro que camina al filo de la ley, a escondidas o a salto de mata, sino que pague impuestos, sin afectar ni a terceros ni al comercio establecido. Porque, lo que sabe, es que aquellos que sí están fuera de norma, son los rehenes de grupos y células delictivas; de organizaciones o partidos políticos que los utilizan a placer.

Bajo esta premisa, el tema debe resolverse de manera coordinada: gobierno estatal y municipal. No se va a solucionar a golpes y catorrazos o dejando en la indigencia a cientos de familias que se mantienen de la economía informal. La solución no es “dejen de comprarles” ni andarlos persiguiendo como si fueran animales. Estamos de acuerdo en que dan una pésima imagen. Todos, sin distinción. Porque ahí todos son iguales. Los que manejan sempiternos dirigentes convertidos en potentados por todo lo que cobran, a los que maneja Sol Rojo, UACOL o el Frente Popular Revolucionario.

En la medida en que a unos sí y otros no, en la aplicación de medidas de restricción; en cuanto a unos se les mida con un rasero y a otros no, habrá resistencia. A los favoritos del régimen en turno, con demasiado indulgencia; a los otros, hay que dejárselas caer. Algo como la máxima juarista de: “a los amigos, justicia y gracia; a los enemigos, la ley a secas”. Eso no va a funcionar. Lo que hemos visto hasta hoy es un fracaso institucional para desalojar el Centro Histórico. Se salen hoy y mañana están de vuelta o buscan espacios alternativos para asentarse.

Inisistimos: la imagen de pueblote que nos da ese comercio anárquico y ubicado en calles y banquetas, es deprimente. La solución, debe ser, en efecto, la aplicación de la ley ofreciendo alternativas y salidas negociadas para quienes se han regularizado. Pero no permitir que el directorio siga creciendo.

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