Qué la causa, cómo se diagnostica y se trata esta condición inflamatoria crónica.

Agencia

CIUDAD DE MÉXICO. La doctora Noemí Varela Rosario quien es reumatóloga con amplia experiencia en el manejo de estas condiciones inflamatorias aclaró que la AR es parte de las “artritis inflamatorias”, consideradas por la Arthritis Foundation como “la principal causa de discapacidad” en los Estados Unidos.

“Es una condición crónica recurrente, de tipo autoinmune. Ocurre cuando el propio sistema ‘ataca’ las articulaciones y al cuerpo”, explicó Varela Rosario. En general, personas de cualquier edad pueden recibir un diagnóstico de algún tipo de artritis. Sin embargo, una de cada seis personas en los Estados Unidos pudiera recibir un diagnóstico de AR.

El diagnóstico: un proceso complejo

Varela Rosario comentó que, al presentarse a la consulta, el paciente “típicamente puede tener dolor e inflamación en una articulación”, que se manifiesta con “hinchazón, enrojecimiento, una sensación de calor o fiebre sobre la articulación [afectada]”. Agregó que estos síntomas vienen acompañados de cansancio, malestar general, fiebre y entumecimiento matutino, “distinto al que sentimos cuando avanzamos en edad”.

“Entonces, el especialista recopila toda la evidencia necesaria para definir qué tipo de artritis padece”, sostuvo Varela Rosario. En el caso de la AR, las cifras reportadas por la Arthritis Foundation apuntan a que un 70 % de las personas diagnosticadas son mujeres.

Así le ocurrió a Velia Martínez, quien narró su experiencia tras recibir un diagnóstico de AR. “Mi diagnóstico se confirmó en 2005. En ese entonces, era una mujer muy activa”, contó. Luego de su evaluación médica, Martínez atravesó por un período de negación, al igual que Borges. “Ahora conozco mi condición y la acepto. He podido tener control de la AR y buscar la ayuda necesaria”, dijo la mujer.

Recientemente, Martínez revivió los intensos dolores que experimentó al comienzo de su tratamiento cuando tuvo que suspenderlo por una cirugía. “Gracias a mi especialista, la AR se controló y recuperé mi calidad de vida”, aseguró.

Cómo se trata la AR

Antes de iniciar el tratamiento, Varela Rosario destacó que el especialista debe investigar el trasfondo clínico del paciente. “Hay que averiguar qué historial familiar tiene el paciente, cuáles articulaciones se han afectado, qué síntomas manifiesta…Eso lleva a definir un cuadro clínico mucho más claro”, subrayó la doctora. Al comentarle sobre el caso de Borges, señaló que, aunque no son lo mismo, la artritis reumática juvenil puede asimilarse y manejarse tal como la AR.

“El tratamiento siempre estará dirigido a aliviar los síntomas del paciente”, añadió Varela Rosario, quien insistió en que se trata de una condición que, hasta ahora, es incurable. “Sí podemos llevar la condición a un estado de remisión, en la que el paciente está libre de síntomas, pero siempre es posible que vuelva a activarse”, precisó.

La primera línea de tratamiento incluye antinflamatorios orales sin esteroides tales como ibuprofen, naproxeno, nabumethone. Luego, vienen los esteroides como por ejemplo, prednisona, methylprednisolone, que pueden tener efectos secundarios por ser derivados de la cortisona. “Estas primeras líneas de tratamiento se utilizan en lo que el especialista puede crear un programa más específico”, mencionó la galena.

“Como segunda línea, se utilizan medicamentos modificadores de la enfermedad (DMARD, por sus siglas en inglés): metrotexato, hidroxicloroquina, ciclosporina y sulfasalazine, entre otros”, continuó. En la tercera línea, los medicamentos biológicos intensifican o promueven mayor efectividad para controlar los síntomas. Por ejemplo, se incluyen fármacos como abatacept, adalimumab y etanercept, que son utilizados para tratar una AR moderada o severa. Otros tratamientos como el rituximab, en aplicación intravenosa, procuran reducir los síntomas en etapas más avanzadas de la AR.

“La artritis reumatoidea siempre requiere que el especialista realice un manejo clínico dinámico, quizás por intolerancia o la falta de efectividad [del tratamiento]. Por eso, hay que evaluar al paciente con regularidad y decidir, de acuerdo con los síntomas y la evaluación clínica, si tenemos que modificar la terapia para detener el daño estructural a las articulaciones”, recalcó.

Al final, Varela Rosario puntualizó que, al tratar la AR, el objetivo final “no es curarla, sino detener su progreso lo mejor posible”.

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