EL COMENTARIO DE HOY

Juan Pérez Audelo/ Columna 

Con bombo y platillo rindieron protesta el pasado primero de enero, presidentes y presidentas municipales de al menos 218 ayuntamientos en todo el estado. Para tal efecto, el gobierno estatal desplegó un impresionante operativo de seguridad. Y es que si existe un tema que polariza más a la ciudadanía, son las elecciones locales. Familias enteras quedan confrontadas y enconadas, como si el poder político fuera el último recurso de supervivencia.

Llama la atención, por ejemplo, el caso de la Villa de Mitla, en donde el candidato que no fue favorecido con el voto popular, pariente de quien triunfó, impugnó la elección ante los órganos jurisdiccionales, diecisiete veces, hasta que logró con artimañas y complicidades, echar abajo la elección. En Chahuites, por ejemplo, el candidato que ganó la elección lo hizo con un solo voto de ventaja. Su opositor no reconoció el triunfo y demandó elecciones extraordinarias.

Los procesos electorales municipales se han convertido en una moneda al aire. Todos quieren ganar. De no lograrlo pueden pasar meses impugnando ante los tribunales, dejando en las comunidades incertidumbre y confusión, hasta que los magistrados estatales o federales emitan sentencia. El camino es tortuoso. Primero las quejas ante el Instituto Estatal Electoral y de Participación Ciudadana. Luego ante el Tribunal Estatal, después con la Sala Regional Xalapa del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación y, al final, la Sala Superior.

Al final del camino y ya sentados en la silla presidencial, muchos ediles se asumen especie de virreyes. Con aquello de la representación proporcional, encabezan cabildos con concejales de filiaciones ideológicas contrapuestas. El reto ahí es lograr acuerdos. O llenan la administración con incondicionales, paleros, recomendados de compadres y padrinos. Y muchos de éstos llegan a realizar los grandes negocios.

Hay quienes llegarán administrar gestiones sanas; otros, a saldar deudas millonarias que les dejaron sus antecesores. Es decir, a pagar los platos rotos de otros. Habrá quienes arranquen con un plan de Desarrollo; otros, llevarán su trienio improvisando o dando bandazos. Los hay también que muestren verdadera vocación de servicio; pero también los que llegan a llenarse los bolsillos. Para vigilar su desempeño, deben crearse organismos de la sociedad civil, para que como ciudadanos no tengamos que padecer los errores de gobiernos locales irresponsables e indolentes.

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