EL COMENTARIO DE HOY

Juan Pérez Audelo/ Columna 

El país –y Oaxaca, por supuesto- padece una nueva ola de contagios por Covid-19. Se trata de la nueva cepa, ómicron que, si bien no ha dado visos de gravedad, letalidad o aumento de hospitalización, no deja de ser preocupante. Para los escépticos, esos que siguen pensando que el virus de SARS-CoV2 no existe –por religión o ignorancia- hay que meterles en la cabeza que el único método, una vez que alguien se contagió y busque salir adelante, es la vacuna. Nada más.

A poco más de dos meses de cumplir dos años de haberse declarado la contingencia sanitaria, la pandemia ha dejado tras de sí –como ya hemos comentado- no sólo muerte, dolor y zozobra, sino una economía lacerada en diversos rubros. Los primeros golpes dieron de lleno con las fuentes de empleo. En el turismo y los servicios. Y de aquellas comunidades que se habían mantenido a salvo de los contagios, sólo queda el recuerdo.

Pero, así como hizo a los pobres, más necesitados, hay hoy en día negocios que han multiplicado sus ganancias. Un ejemplo. El monopolio de los exámenes de PCR o pruebas de antígenos en pocas manos y no abrirlo al mercado, ha fomentado abusos. Los costos son excesivos en algunos, en otros más moderados, pero al fin de cuentas, el ciudadano sólo debe acudir a los que están certificados por la Secretaría de Salud.

Ante la saturación y carencias de los hospitales públicos, han sido los privados los que han hecho su agosto. Y así como hemos aplaudido y reconocido el heroísmo de médicos y enfermeras, luchadores de primera línea contra el virus, algunos de los cuales entregaron sus vidas, también los ha habido que el juramento hipocrático les ha valido gorro. La lana es primero, con o sin cubre-bocas.

No podemos ignorar que, ante el fracaso del gobierno federal para dotar de insumos y medicinas a hospitales de diversos niveles, centros de salud y demás, creó primero un mercado negro de cubre-bocas, de gel anti-bacterial y hasta de alcohol. Y después de medicinas, de lo cual, la única beneficiaria ha sido la industria farmacéutica. La especulación y el beneficio de vivales en estos tiempos de crisis sanitaria se ha perfilado incluso, hasta en quienes han vendido espacios en las filas para recibir la vacuna. Y qué decir de las funerarias.

Los coletazos de la pandemia pues, no han pegado parejo. Mientras unos han lamentado su desgracia otros han disfrutado de ella. Para terminar y como corolario: Ahora que la cepa ómicron está a todo lo que da, ¿sería mucho pedirle a los Servicios de Salud, que pongan en marcha módulos de pruebas rápidas, es decir, quitarle un pelo al gato de los monopolios privados?

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