Juan  Pérez Audelo 

Estamos a poco más de diez meses de que concluya la actual administración. Si bien es cierto que algunos de los proyectos emblemáticos y añejos, como es el caso de la carretera a la Costa, muestran avances importantes, la crítica se ha volcado sobre el gobierno estatal, justamente, porque no hay obras trascendentes que tengan su sello, para la posteridad. Otras obras, como es el caso del Libramiento Sur, han sido prácticamente canceladas.

Sin embargo –y ello hay que reconocerlo también- hay grupos o personas empecinadas en echar abajo lo poco que, en materia de obra pública, espera el pueblo oaxaqueño. Es el caso del proyecto de “Símbolos Patrios” que, desde sus inicios, ha estado bajo fuego de supuestos ambientalistas. Las dos o tres personas que han abanderado suspensiones o amparos, no representan a nadie. Ni a colonos, ni a autoridades municipales ni a sectores sociales.

Con la bandera de la defensa de la flora de dicha zona, no sólo han boicoteado la obra, sino que, la han pretendido convertir sin éxito, en un eje de inconformidad social. Y desde hace meses, aparecen de vez en cuando con pancartas, mantas o desgarrándose las vestiduras, para buscar los reflectores mediáticos. Pero, ¿alguien sabe lo que pasa tras bambalinas? O ¿cómo manejan su doble discurso y la doble moral?

Fuentes bien informadas revelan que, en un acto de abierta extorsión, el principal actor de este drama busca a funcionarios de la Secretaría de las Infraestructuras y Ordenamiento Territorial Sustentable –SINFRA- para exigirles fuertes sumas de dinero. Obvio, a cambio de no seguir en su papel de falso ambientalista. Es decir, una obra que más allá de la crítica puede ser de beneficio social, está en la mira de mercenarios de la protección del medio ambiente que, está demostrado, jamás han plantado un solo árbol.

El tiempo apremia y la obra referida, gracias a estos mecanismos de extorsión y chantaje, no avanza. Y lo hemos dicho aquí: los oaxaqueños, acotados por protestas, bloqueos y demás, estamos hartos de esos falsos redentores de la lucha social. Ésos que tratan de sorprender la buena fe de los ciudadanos de a pie, para montarse sobre ella y buscar beneficios personales.

Se trata de viles mercenarios que pegan por la paga. Y que, ante dichas acciones fuera de la ley, deben ser puestos no sólo frente a los órganos jurisdiccionales competentes, sino exhibir su falsedad y doble moral, ante la opinión pública. Que sea ésta la que los ponga en su lugar, de preferencia en el basurero de la historia.

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