Juan Pérez Audelo/ Columna 

La ciudad de Oaxaca ha ido perdiendo, paulatinamente, espacios urbanos que, misteriosamente, han ido a parar a manos de particulares. Y que es necesario rescatar. Algunos se han otorgado en usufructo a dirigentes de organizaciones sociales, sindicatos y otros grupos, sin que haya algún decreto de desincorporación de parte del Congreso del Estado para justificar dicha acción, por lo que ahí prevalece la ilegalidad.

Uno de estos espacios urbanos se ubica frente al llamado Parque del Amor. Se trata de un predio que, de la noche a la mañana se convirtió en una especie de mercado. Hoy mismo hay hasta puestos fijos, construidos en un espacio público. Otros más se ubican en las riberas del Río Atoyac, en donde, inclusive, se han dado enfrentamientos mortales entre quienes se asumen ser depositarios o propietarios. Nos referimos a los playones de dicho afluente.

Ante la displicencia o abulia de las autoridades municipales, dichos espacios, en los que sería posible instalar parques de juegos infantiles, bibliotecas al aire libre, lugares de sano esparcimiento para jóvenes, entre otros, son utilizados para fines económicos personales. Lo que llama la atención es la forma en la que los referidos espacios urbanos fueron a caer en las manos que hoy los detentan.

Otro ejemplo es el estacionamiento en la zona del Mercado de Abasto, que algunos líderes de mercaderes se han disputado a sangre y fuego. ¿De dónde y bajo qué estatuto se asumen los franquicitarios de dichos predios que, bien administrados, pueden ser un aliciente a la quebrada economía municipal? Son millones de pesos los que ingresan cada año. Urge que el Cabildo Municipal, inicie una revisión minuciosa de su patrimonio.

No se trata de una labor fuera de la norma, sino de la recuperación de bienes públicos que están en manos de particulares. Y es que con la soterrada negativa para aplicar la ley y mantener el Estado de Derecho, los citadinos hemos ido perdiendo poco a poco espacios que antes eran de libre tránsito. El ejemplo más crudo de ello es el Centro Histórico, copado de comerciantes en la vía pública en calles y banquetas, que impiden el paso de peatones.

Ya se vio en el pasado tianguis del Día de Reyes, instalado en la Avenida Central, cuando fueron dos o tres dirigentes del comercio informal los que pusieron precio al metro cuadrado para instalar los puestos. ¿Y esos recursos a dónde van a dar? Obvio, a su bolsillo, con todo cinismo e impunidad. ¿No es tiempo ya de ir acotando a esta lacra social? Es una pregunta.

No hay comentarios

Dejar respuesta

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.