Las calles retumban, siguen avanzando hasta llegar a casa oficial y tapizar con 608 cruces de papel, cada una con el nombre de una víctima de femincidio, levantan un altar de flores moradas y blancas.
Citlalli López / Foto: Cortesía 

OAXACA, Oax. Son su voz, la voz de las que asesinaron, la voz de quienes desaparecieron, son su voz y su exigencia, retumbando por las calles en varios frentes, pero unidas en un mismo reclamo, es el 8 de marzo de 2022, el día se agita con la fuerza de las pañoletas moradas y verdes con las consignas y los cantos que corean que tiemble el estado, los cielos, las calles.

El contingente se agrupa en torno a la antimonumenta, las mujeres se estrechan en una misma lucha, porque no estamos todas, no está Sol Cruz asesinada en 2018, no está Zaira Morales desaparecida en 2022, no está Lucero Soledad Martínez  a quien desaparecieron apenas el pasado 18 de febrero, no están 608 mujeres, aquellas que fueron asesinadas a lo largo de este sexenio por la violencia machista.

Las pancartas se elevan en lo alto, «no quiero flores, quiero respeto», «ni sumisas ni calladas; valientes y empoderadas», «si tocan a una; nos tocan a todas, mujeres teníamos que ser».

La movilización avanza y a su paso va sembrando un camino de flores y veladoras, ruta trazada de manera simbólica para dar luz a las mujeres que han sido desaparecidas, 1600 veladoras esparcidas a lo largo de poco más de dos kilómetros recorridos a paso firme, marcando las huellas de la resistencia.

Las calles retumban, siguen avanzando  hasta llegar a casa oficial y tapizar con 608 cruces de papel, cada una con el nombre de una víctima de  femincidio, levantan un altar de flores moradas y blancas.

Por la tarde otro contingente, marchó desde el Panteón General, son mujeres que no pertenecen a ninguna organización, son mujeres que de manera independiente, son defensoras de derechos, que están tejidas en redes de apoyo, ellas bailan, cantan, saltan, al sonido de la batucada.

Las consignas son claras, sus pisadas son fuertes, tan fuertes que despiertan la empatía, al menos 300 mujeres elevando su voz, rompiendo el silencio de la sumisión.

Conforme el contingente avanza, van colocando fichas de búsqueda de mujeres, niñas y niños desaparecidos, la movilización culminó en las oficinas de la Fiscalía General del Estado, en donde quemaron un monigote de tela representando al funcionariado que ha sido omiso ante las violencias contra las mujeres.

Estamos hartas de la demagogia, hartas de que las mujeres que piden justicia no la encuentren en un sistema de justicia podrido como el del estado, con fiscales indolentes, misóginos, corruptos que encubren a los autores materiales como lo hizo en su momento Rubén Vasconcelos y ahora Arturo Peimbert Calvo, ni la policía, ni las instituciones públicas, ni los partidos políticos se interesan por las mujeres y lo sabemos, las mujeres hemos tenido que crear estrategias de cuidado, de acompañamiento, de justicia, entre nosotras nos cuidamos, afirmaron las manifestantes.

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