EL COMENTARIO DE HOY

Juan Pérez Audelo/ Columna 

La Sexagésima Cuarta Legislatura del estado, que concluyó funciones en octubre de 2021, estuvo permeada por la poca productividad, un costo elevado en su manutención y la operación poco ética de algunos de sus representantes. en el tráfico de influencias y conflicto de interés. Es decir, salieron de su trienio, exhibidos y estigmatizados. La bancada del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), estuvo marcada por la división y la lucha por el presupuesto.

La actual legislatura no ha cambiado mucho, sobre todo en la bancada mayoritaria. La semana pasada, cinco diputados y diputadas de dicha fracción se escindieron de la misma, para conformar lo que definieron como Grupo Parlamentario de la Cuarta Transformación. Es decir, cumplir con su compromiso ante la ciudadanía viene pasando a segundo término. La prioridad es privilegiar sus intereses de grupo o facción política. Medrar del presupuesto, sin producir iniciativas, leyes o decretos.

He ahí pues la causa de que, en el pasado, con bombo y platillo cacarearon la aprobación de leyes, ninguna de las cuales se aplica hoy en día, como la de Residuos Sólidos o la llamada Ley Anti-chatarra. Nuestros flamantes representantes populares del partido aludido, parecen estar ahí para ajustar cuentas o salvaguardar sus fijaciones, simpatías o fobias políticas. La ciudadanía oaxaqueña, desde hace mucho, no tiene elementos para reconocerles su trabajo ni compromiso con la sociedad.

En Oaxaca, particularmente entre la sociedad civil, debe promoverse la creación de un Observatorio del Quehacer Legislativo. Puede que no tenga fines acusatorios o punitivos, pero sí de crítica y de evidenciar a quienes, con el manto del fuero y la discrecionalidad, gastan a manos llenas; en poco contribuyen a mejorar el marco jurídico y pasan su tiempo en nimiedades personales que en nada benefician a un pueblo exhausto de abusos y componendas de corte político.

Parafraseando a Carlos Fuentes: los oaxaqueños tenemos una capacidad de resistencia y estoicismo únicos en el país. Lo mismo soportamos temblores que pobreza y marginación; lo mismo malos gobiernos que pésimos legisladores. Y nuestras fijaciones no nos dejan progresar. Al mal desempeño de los aludidos, se les aplaude o se les ratifica con el voto. Hay que ver nada más cuántos que estuvieron medrando en la pasada legislatura, siguen hoy en las curules. En menos de seis meses de estar en el cargo ya enseñaron el cobre de la división, la fractura y el sectarismo. La pregunta es: ¿qué podemos esperar de estos y estas flamantes representantes populares, más que su beligerancia, traición y conveniencia?

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