Patricia Briseño

OAXACA, Oax. Rosa Enríquez Velásquez, mujer zapoteca de Ciudad Ixtepec, Oaxaca, bordó las flores y mariposas del traje y la capa que portó la compositora mexicana estadounidense, Germaine Franco, quien estuvo nominada al Oscar en la categoría de Mejor Banda Sonora, de la película animada Encanto.

En entrevista con ORO Noticias, la también instructora del Instituto de Capacitación y Productividad para el Trabajo del Estado (Icapet) comentó que desde hace una década trabaja con la profesora y diseñadora Lydia Lavín Soto.

Contó que se conocieron en una exposición de arte textil, celebrada en la Universidad Iberoamericana (UIA), en la Ciudad de México. Llegó a la institución a presentar su trabajo y vender algunas prendas, entonces, “ella (Lavín), me vio bordar en aro, y me pidió un trabajo urgente, en 24 horas. Lo entregué a tiempo, me felicitó y reconoció mi trabajo”, recordó.

Al paso de los días la diseñadora contactó a Rosita para invitarla a participar como colaboradora en los acabados de sus creaciones, por lo que la amistad se fue cultivando a partir de la unión del talento de ambas.

La artesana zapoteca divide su día entre las actividades del hogar, asesorías personalizadas en el Icapet, donde comparte su experiencia en el oficio del bordado, y los trabajos que le requieren en su taller de costura. Y los acabados que le solicita la multipremiada diseñadora mexicana.     

 

En relación al traje de la noche del Oscar dijo que la maestra (Lavín) se reservó comentar detalles, únicamente, mencionó que le urgía, y qué era para un evento importante, “nunca me imaginé que era para un evento internacional”, observó.

Refirió que el vestido de corte columna en color negro incluyó el toque de color con flores, pétalos y guías que ella bordó a los costados y en la parte del cuello, asimismo, la capa en el mismo tono lució tres mariposas monarca que pasean entre flores diminutas.

“Las jornadas de trabajo iniciaron de las nueve de la mañana, a las 10 de la noche, a lo largo de menos de 15 días de este mes de marzo”, recordó Rosita.

Doña Rosita lleva 24 años dedicada a bordar, que entre otras satisfacciones le permitió sacar adelante a tres hijas, a quienes les ofreció estudios y transmitió la pasión por este oficio, que considera “celoso”, pero muy satisfactorio.

Orgullosa subrayó que su hija mayor también se dedica al bordado, se casó y vive en Portugal, y desde esa parte de Europa, marca tendencia en el diseño de blusa, huipiles y trajes con aplicaciones características del Istmo.

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