EL COMENTARIO DE HOY

Juan Pérez Audelo/ Columna 

El próximo 15 de mayo se tiene programado el segundo debate de los candidatos de todos los partidos y coaliciones, que buscan la gubernatura del estado. El primer debate fue cancelado por circunstancias del todo ya conocidas. Pero, ¿cuál es el fondo de este tipo de eventos, que se han vuelto algo común en nuestra incipiente democracia, tanto los que organiza el árbitro electoral como los que promueven organismos de la sociedad civil?

En las campañas políticas que, en este proceso electoral tardarán al menos dos meses, cada aspirante ha echado de su ronco pecho, una y mil promesas; ha criticado a sus adversarios; al gobierno estatal o federal y las plataformas políticas de los partidos que le son ajenos. Se publicitan en spots, con tonadillas o en espectaculares. Rostros sonrientes, rodeados de mujeres, niños, campesinos, comerciantes, obreros, jóvenes, etc. Lucen también ataviados con trajes típicos o con collares de flores. Hombres o mujeres, no hay diferencia, todos le apuestan a la imagen.

Hay quienes han optado por mítines multitudinarios; otros por eventos menos numerosos. Y otros u otras, ni ruido han hecho. Dicen que buscan la simpatía y el voto de casa en casa. En fin, en política y en elecciones, como en la guerra todo se vale, salvo aquello que sancionan los órganos electorales y jurisdiccionales. Las redes sociales están saturadas de videos, fotografías, mensajes, promesas o compromisos. Y lo que nunca falta: una guerra de encuestas y sondeos de opinión. La mayoría les ha apostado a las redes sociales, aunque en nuestra limitada conectividad, el éxito esperado es sinónimo de fracaso. 

Los debates son pues, en mi modesta opinión, un ejercicio democrático que da a los votantes potenciales, la imagen, habilidad, destreza y aplomo de quienes, frente a las cámaras de televisión, en este caso la oficial, proponen, defienden frente a sus adversarios y ante el Homo Videns, como en la obra de Giovanni Sartori, es decir, ante los televidentes, sus propuestas, su crítica o sus compromisos políticos, buscando influir en la conciencia colectiva de un potencial votante. ¿Incide en el ánimo ciudadano, sobre todo entre los jóvenes? Es posible. Pero considero que no es determinante. En un medio como el oaxaqueño hoy en día, casado con colores, imágenes y personalidades; con programas clientelares e inercias políticas, no es tarea sencilla para quienes tienen que bogar contra corriente. Sin embargo, sin ser fatalistas, al menos permite ampliar el criterio y darnos un elemento más como ciudadanos, para acudir a las urnas el próximo 5 de junio.

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