EL COMENTARIO DE HOY

Juan Pérez Audelo/ Columna 

El pasado lunes 9 de mayo, una vez más, el periodismo mexicano se tiñó de sangre. De acuerdo a testigos, Yessenia Mollinedo Falconi, directora del portal “El Veraz”, y Sheila Johana García Olivera, camarógrafa del medio, fueron atacadas a balazos en la colonia Cerro Alto, de Cosoleacaque, Veracruz. Ambas sucumbieron al interior de un vehículo. Esta acción se dio a pocos días del asesinato del compañero Luis Enrique Ramírez Ramos, columnista del diario “El Debate”, en Culiacán, Sinaloa.

Uno de los organismos internacionales no gubernamentales, que ha dado seguimiento puntual a la crisis de violencia y muerte por la que atraviesa el periodismo mexicano, es la Sociedad Interamericana de Prensa –la SIP-. En su “Informe sobre México”, presentado en abril pasado en su reunión semestral, dicho organismo consignó que: «Las principales organizaciones no gubernamentales del mundo coinciden en el grado de peligrosidad que existe en México para ejercer el periodismo».

El torno a los atentados a la libertad de expresión, asesinatos, impunidad y agresiones, se ubica a nuestro país como uno de los más letales para ejercer el oficio. La SIP, al igual que otros organismos como “Artículo 19” y “Reporteros sin Fronteras”, entre otros, han exigido al Estado mexicano tomar acciones para prevenir la violencia y proteger el ejercicio periodístico. Además, agotar todas las líneas de investigación para llevar a los responsables ante la justicia. Sin embargo, poco, muy poco se ha logrado.

Las luces de alerta se han encendido en la prensa mundial. Hace dos meses el Parlamento Europeo hizo un llamado al gobierno mexicano al respecto, sólo para recibir una andanada de descalificaciones y denuestos. Congresistas de Estados Unidos, funcionarios de la Casa Blanca y el mismo Secretario de Estado, Antony Blinken, han abordado el tema, al considerar que no garantizar la libertad de expresión es un grave riesgo para la democracia. Suman ya once homicidios de periodistas en 2022.

Los casos de Yessenia Mollinedo y Sheila Johana García se unen a otros asesinatos registrados este año en México: Luis Enrique Ramírez, en Culiacán, Sinaloa; Lourdes Maldonado y Margarito Martínez, en Tijuana, Baja California; Heber López Cruz, en Salina Cruz, Oaxaca; Juan Carlos Muñiz, en Fresnillo, Zacatecas; Jorge Camero Zazueta, en Empalme, Sonora; Roberto Toledo, en Zitácuaro, Michoacán; José Luis Gamboa, en Veracruz, y Armando Linares, también en Zitácuaro.

En verdad, poco se puede esperar en un país inundado de sangre, con más de 120 mil homicidios dolosos, más de 3 mil feminicidios y al menos 50 periodistas asesinados en los últimos tres años. Sin embargo, los sesgos a favor de los grupos criminales están a la orden del día. México se sigue pudriendo cada vez más.

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