EL COMENTARIO DE HOY

Juan Pérez Audelo

Pasaron las campañas políticas y también la jornada electoral. Un abstencionismo mayor al 60 por ciento, por lo que votó casi una
tercera parte del padrón electoral. Aun así, como en todo proceso democrático, se gana o se pierde por un voto. El triunfo del ingeniero Salomón Jara, de la coalición “Juntos hacemos historia en Oaxaca”, formada por Morena y los partidos. Vede Ecologista de México, del Trabajo y Unidad Popular, es incuestionable, legal y legítimo.

Luego de una jornada que nada tuvo de participativa, civilizada y en paz social, sino con un marcado desencanto ciudadano, violencia aislada, delitos electorales e información falsa, se cierra un capítulo. Ahora, hay que darle vuelta a la hoja. Oaxaca merece emprender los caminos del desarrollo y la gobernabilidad. La pluralidad democrática exige un impasse, para evitar que la descalificación se convierta en sistema y los agravios en institución.

Más que grillas y futurismo político, la entidad requiere de programas de combate a la pobreza para hacer realidad el sobado eslogan de “primero los pobres”. De apuntalar la austeridad republicana, pues también como se repite a menudo, “no puede haber gobierno rico y pueblo pobre”. Si en verdad la lucha contra la corrupción, la cruzada por la transparencia y hacerles justicia a los marginados e indígenas, van en serio, quienes ganaron la contienda, deben ir preparando un plan estatal de desarrollo apegado a la realidad.

La actual administración gubernamental, con todos los buenos propósitos de quien la ha encabezado, ha tenido un mal fario. En 2017, sequía, huracanes y sismos. En 2018, más sismos y las tareas de reconstrucción del devastador temblor de 8.2 grados de septiembre de 2017 y sus réplicas. En 2020, otro sismo en junio y, previamente, el inicio de la contingencia sanitaria por el Covid-19, que se ha prolongado hasta 2022.

Si la reconstrucción de los sismos de 2017 no ha terminado de concretarse, cuestión sólo de imaginar, cuándo volverán a la normalidad Pochutla, Puerto Ángel, Tonameca, los Ozolotepec y decenas de comunidades de la Costa y Sierra Sur, total o parcialmente devastadas por el huracán “Agatha”. Es decir, a nuestra pobreza recurrente y ancestral, hay que sumar la tragedia que nos ha perseguido.

A todo ello hay que agregar la indolencia y el ominoso chantaje de grupos y comunidades que, ignorando la tragedia que traen a cuestas quienes han perdido su patrimonio, sus miserias y esperanzas, siguen con sus manidas prácticas del bloqueo. Tarea nada fácil pues para quienes se estrenarán como gobierno en diciembre.

Ahí se verá si hay convicción de servicio; cumplir con las promesas de campaña y responder a la confianza de los oaxaqueños. O una
vez más, demostrar que no es lo mismo ganar elecciones que gobernar, echándole la culpa al de atrás.

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