EL COMENTARIO DE HOY

Juan Pérez Audelo/ Columna 

Concluyeron las campañas políticas de los aspirantes a la gubernatura. Unos más, otros menos, hicieron su mejor esfuerzo para convencer a los votantes potenciales de su oferta política. Las tendencias y encuestas siguen favoreciendo a unos en detrimento de los demás, porque sólo uno o una será quien gane. Con el fin de las campañas termina ese entorno sofocante de discursos, tonadillas, spots, videos, mensajes y propaganda.

A lo largo de estos dos meses hubo muchas promesas y pocos compromisos. Si bien es cierto que unos despertaron buenas expectativas, hubo también quienes no levantaron ni el polvo. Como en todo, hubo un abanico de propuestas y formas de hacer proselitismo, bajo los parámetros que les marcaron las reglas democráticas. Y, obviamente, en los tiempos que establece la ley, que bien vigilan los órganos electorales.

No faltaron en la temporada de campañas, las descalificaciones, los denuestos y la información dolosa escurrida en las redes sociales. La guerra sucia pues, en cuyo desarrollo hay especialistas en confundir, en demeritar el trabajo o la personalidad del adversario. En nuestro medio eso ya es una tradición, sobre todo cuando se atisba cerca la jornada electoral. Aceleran las filtraciones, la basura y todo aquello que afecte al de enfrente y beneficie al otro.

Ahora los cinco candidatos y las dos candidatas tienen que recoger y reciclar la llamada basura electoral. Lonas, mamparas, pendones y banderas deben ser objeto de reciclaje, bajo el esquema que propongan los proveedores. Los espectaculares serán retirados. Además, hay propaganda utilitaria: bolsas, playeras, gorras, plumas, etc. Es todo ello, candidatos y candidatas invirtieron la nada despreciable suma de 66 millones de pesos.

Un elemento para reconocer que nuestra democracia partidista resulta ser demasiado onerosa. Y todo ello lo paga el ciudadano con sus impuestos. Pero al fin, entramos en un período breve de veda como premisa para la jornada electoral del próximo 5 de junio. Por lo que hemos visto y constatado en los últimos tiempos, se espera una jornada participativa, lejana a los ominosos tiempos cuando triunfaba el abstencionismo. Esperamos pues un proceso final con civilidad, tolerancia y participación ciudadana. Que prevalezca la cordura, la madurez de partidos y candidatos y, sobre todo, la paz social, para que el pueblo pueda ejercer su voto libre y razonado. Esta elección, presumo, no es una más. Por lo que vive México en estos tiempos, lo que está en juego es el futuro de Oaxaca y de nuestros hijos. Hay que acudir a las urnas, para votar sobre el país y el estado que queremos.

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