EL COMENTARIO DE HOY

Juan Pérez Audelo / Columna 

De nueva cuenta, la capital oaxaqueña mostró ante propios y extraños su imagen más deplorable. Una ciudad ahogada en desechos sólidos. La semana anterior fueron evidentes las esquinas, calles, mercados y parques públicos, llenos de bolsas de basura y fauna nociva. Se trata –como ya hemos comentado- de una práctica recurrente, manejada con dolo y mala fe, por quienes han explotado a placer el relleno sanitario ubicado en jurisdicción de la Villa de Zaachila.

¿Pero qué hay detrás de esta crisis? En principio hay que subrayar que la mayoría de las cabeceras municipales del interior del estado, manejan sin mayor problema la recolección y depósito de basura. Salina Cruz, Tehuantepec, Juchitán, Tuxtepec y aún poblaciones menores. Sin embargo, los 24 municipios de los Valles Centrales, incluyendo la capital oaxaqueña, simplemente se han encogido de hombros para resolver su problema y han descargado en el gobierno estatal la obligación de solucionarlo.

Cuando sujetos sin escrúpulos que cilindrean a placer a los vecinos de colonias como “El Manantial” o “Renacimiento”, que son quienes se han beneficiado con el cobro del acceso al tiradero, deciden por sus cojones cerrar las entradas, es el gobierno estatal quien resuelve el entuerto. Se sabe que invierte –aunque no es su competencia- 25 millones de pesos anuales para mantener el relleno sanitario en condiciones más o menos manejables. Y cada que la ciudad vive el problema de la basura, tiene que meter el hombro de nuevo.

Es un cuento de nunca acabar. Además, son más que evidentes los síntomas de conflicto político y corrupción. Fuentes bien informadas revelan que los manejadores de las colonias antes mencionadas recibirían mensualmente 2 millones y medio de pesos por el acceso a camiones recolectores y otros. Obvio, eso no lo reportan a la agencia Vicente Guerrero y ésta, tampoco al municipio de Zaachila. Desde el trienio pasado, el municipio de Oaxaca de Juárez dejó todo a la deriva para manejar esos recursos y entregarlos a la autoridad competente.

Es evidente pues, que hay que quitarles el manejo del negocio y la bandera permanente de chantaje a quienes lucran con los accesos al tiradero. Porque también ha sido un mecanismo perpetuo de extorsión al gobierno estatal. La solución es que cada municipio se vaya haciendo responsable del manejo de los desechos sólidos que se generan en sus propias jurisdicciones. No es ético cobrarle el servicio al ciudadano e involucrarlo, al suspenderse la recolección, en temas que son de competencia de la autoridad municipal.

De toda esta crisis a la que nos referimos hay responsables. Y son los oportunistas que para evidenciar nuestra compleja convivencia social y controvertida gobernabilidad, han pretendido con ello torpedear las fiestas de julio con un propósito perverso y siniestro.

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