El comentario

Juan Pérez Audelo / Columna 

La semana anterior volvió a las andadas el llamado Cártel 22. Paro de labores, boicot al Primer Informe de Gobierno, vandalismo y secuestro de personas en el edificio del Congreso del Estado. Es decir, la reedición violenta de su protesta perpetua. Se trata de un sector privilegiado de la clase trabajadora que pervive eternamente insatisfecho. Siempre tiene algo nuevo qué pedir y por qué protestar.

Desde 1980, en que nació la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación –la CNTE- y en Oaxaca, el Movimiento Democrático de los Trabajadores de la Educación, el daño generado al proceso educativo ha representado un atraso irreversible. Cada sexenio reviven las protestas. O es la reforma educativa de Peña Nieto o la Nueva Escuela Mexicana de López Obrador; o son las incidencias o el pago para tales o cuales niveles; o es cuestionar a la Federación o al gobierno estatal, sin ton ni son. Para inventar demandas, el llamado magisterio democrático se pinta solo.

En el ciclo escolar 2023-2024, ya van acumulando suspensiones. Y tiene casi tres meses de haber iniciado. A sus dirigentes, formados en un supuesto radicalismo socialista, que sólo existe en su mente, no les interesa la educación. Sólo les importa su bolsillo y querer convertirse en un poder fáctico cual si fueran un grupo criminal. En estos 43 años, el Cártel 22 ha lucrado con plazas, cambios de zona o nivel, nómina, etcétera. Eso es lo que privilegian en sus mesas de diálogo. Por eso la Federación les ha dado la vuelta.

La semana anterior el magisterio oaxaqueño también se manifestó en la Ciudad de México. Insisten en la sobada mesa de diálogo, pero ya nadie los pela. Sus acartonados métodos de chantaje, como el bloqueo, el vandalismo o el cierre de oficinas, son como el petate del muerto, que a nadie espantan. Sólo han generado repudio social. En Oaxaca, ya no son novedad, pues desde 2006, particularmente, dichas formas de presión ya no cuajan en el ánimo colectivo. La sociedad les ha dado la espalda. Escuelas cerradas y niños sin clases, es un agravio de lesa humanidad.

Sólo hay que darse una vuelta por el interior del estado e ir escuela por escuela, para constatar los vicios y la corrupción. Por ello se niegan a la supervisión de las autoridades. Mentores que durante meses no se presentan a sus labores; permisos a cambio de favores; premio a la sumisión a sus delegados sindicales. Se trata de un gremio parasitario. En la Roma antigua, los parásitos eran aquellos seres humanos que vivían y comían a expensas de otros.

¿Veremos algún día un gremio magisterial con un verdadero apostolado, responsable y con gran vocación educativa? En Oaxaca, lo dudo, aunque hay un sector que cumple a cabalidad su misión. Es urgente que el gobierno deje atrás la política de diálogo y más diálogo. Hace falta una mano firme, pues la voracidad de prebendas y dádivas, ha hecho a nuestros maestros parásitos perpetuos del favor gubernamental y de la demagogia de sus líderes.

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