El comentario

Juan Pérez Audelo / Columna

Estamos ya en el ocaso del periodo vacacional decembrino. La capital oaxaqueña y los principales destinos de playa estuvieron a reventar de visitantes locales, del país y el extranjero. Con certeza habrá buenas cuentas oficiales de afluencia y derrama económica. Seguramente los números serán mayores a los obtenidos en la administración pasada, sin embargo, no dejan de ser poco significativos respecto a otros polos de desarrollo turístico en el país.

Respecto a la capital, uno de los atractivos culturales más socorridos del país, seguimos como un destino de paso; de poca permanencia del turismo y, por tanto, de escasa derrama económica. Y es que –como lo hemos comentado en otras ocasiones- somos un destino de temporada. Semana Santa, el mes de julio, la fiesta de Muertos y las fiestas decembrinas. De ahí en fuera, pare de contar. Son las temporadas altas. El resto del año, salvo de los fines de semana largos, mejor ni hablar.

La inversión oficial que debería destinarse a una mayor promoción en México y el extranjero, se desgasta en eventos de naturaleza regional, como la Guelaguetza de la Costa o el Chacahua Fest, entre otros, que poco a nada tienen que ver con una estrategia de atractivo turístico. Nuestra entidad no debe ser ícono de la fiesta perpetua ni sólo Guelaguetza, Noche de Rábanos, calendas, desfiles, ferias gastronómicas o mezcaleras, sino algo mucho más. Pero, por lo visto, no se ha asimilado ese rico filón susceptible de ser explotado para la industria sin chimeneas.

Poco se escucha de la promoción para los pueblos mágicos, de los espacios de eco turismo, de la apertura de nuevas rutas más allá de las conocidas, de la reactivación de aquellos paraderos que se construyeron en el gobierno de Ulises Ruiz y que ahora son elefantes blancos en el olvido. De la ruta dominica: Teposcolula, Coixtlahuaca y Yanhuitlán, nada se sabe. O de la promoción de sitios considerados por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad, como la Reserva de la Biósfera, Cuicatlán-Tehuacán, que muchos visitantes querrán conocer.

La política turística, en nuestra modesta opinión, sigue arando sobre el mismo surco del pasado y los lugares comunes. Salvo algunas innovaciones que han generado más críticas que aceptación, requiere de imaginación, creatividad y una buena promoción. Lo lamentable es que, aquellos que sabían del oficio, fueron despedidos sin más al inicio del gobierno de la Primavera Oaxaqueña, para darle entrada a novatos e inexpertos que, a un año de haberse estrenado, siguen la vieja consigna de “echando a perder se aprende”.

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