El comentario

Juan Pérez Audelo / Columna

Las denuncias sobre asaltos a casas habitación o transeúntes en señalados rumbos y colonias de la capital y el alarmante hurto de auto-partes, siguen permeando en las redes sociales y medios tradicionales. Bandas bien organizadas de delincuentes se han dedicado al atraco a mano armada. No obstante, la ubicación de las mismas y su modo de operar, develadas por cámaras de video de domicilios particulares, sorprende la pasividad con la que las autoridades han enfrentado este flagelo.

Calles y domicilios; fraccionamientos, transeúntes o turistas, en la Panorámica de El Fortín, Xochimilco, la Colonia Reforma y San Felipe del Agua, han estado en los últimos días en el escaparate de estas acciones ilícitas. Sin embargo, pese a las quejas y denuncias, tal parece que las corporaciones policiales laboran de manera deficiente y sin los instrumentos necesarios para enfrentar dicha situación. Los rondines –ha trascendido- se han suspendido por falta de combustible para las patrullas.

Si los efectivos policiales no cuentan con lo elemental, cómo exigirles que tengan áreas de inteligencia para poder operar y desmantelar dichas bandas. Poco se sabe de la existencia de cámaras de video oficiales que se coordinan en el llamado Centro de Control y Comando C-4 y que, al detectar la comisión de cualquier delito, movilizan a los uniformados. Por información oficial se sabe de la instalación del C-5, por parte de la Secretaría de Seguridad Pública y Protección Ciudadana, aunque se desconoce cuándo será concluido.

De las colonias populares y agencias municipales, mejor ni hablar. Algunas como San Juan Chapultepec o San Martín Mexicapan, han devenido paraísos del crimen. La falta de coordinación entre las corporaciones policiales de los municipios conurbados, ha sido clave para el incremento de ilícitos. Sólo se sabe de algunos por sus abusos en el llamado operativo alcoholímetro que, con el ardid de evitar accidentes generados por conductores con alto grado de alcoholemia, han devenido un verdadero exprimidero de dinero.

Para muchos estamos en la gloria en materia de seguridad. No hemos visto escenarios como en Guanajuato, Guerrero, Estado de México, Michoacán, Tamaulipas o el antes tranquilo estado de Chiapas. Pero, tampoco estamos exentos de operaciones ilícitas que han cristalizado verdaderos teatros criminales en Juchitán, Tuxtepec, Salina Cruz o Miahuatlán de Porfirio Díaz. Los grandes males empiezan cuando se deja crecer a los pequeños.

Hay recursos para avituallar a las corporaciones; existen fondos exclusivos para atender el tema de seguridad. Lo que parece faltar es vocación política y compromiso social para responder con eficacia a esta demanda ciudadana, que deje atrás la fallida estrategia de “abrazos, no balazos”.

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