El comentario

Juan Pérez Audelo / Columna

En lo que muy poco han reparado los órganos electorales, es en el hartazgo ciudadano que generan las sofocantes precampañas y campañas políticas. Discursos, mensajes, tonadillas, espectaculares, bardas, etcétera. Durante dos meses se bombardeó al pueblo con la famosa elección de las corcholatas del Movimiento de Regeneración Nacional –Morena- una precampaña abierta, pero maquillada con la designación de la coordinación de los comités de la cuarta transformación. Y el suplicio ciudadano siguió.

La semana pasada, los tres aspirantes a las candidaturas por la presidencia del país cerraron sus precampañas. Una con más de seis meses de estarse promoviendo; otra con poco más de un mes y otro más, con sólo una semana. Sin embargo, ahí sí cumplieron el plazo dispuesto por el árbitro: el Instituto Nacional Electoral (INE). Éste, como el órgano local, el IEEPCO y aún los órganos jurisdiccionales, han hecho mutis para sancionar todo aquello que, a ojos de los ciudadanos, han sido excesos y violaciones a la ley.

En Oaxaca, la publicidad, particularmente de los aspirantes de Morena a cargos de elección popular, ha sido extenuante. No hay espacio vacío que haya quedado a salvo de la onerosa pero asfixiante basura electoral. Algo nunca visto en nuestra historia contemporánea. Han forrado calles, caminos, carreteras, espacios urbanos y demás, con nombres, fotos y membretes. Se han publicitado como si fueran medicamentos para las agruras, las hemorroides o la diarrea.

El proceso electoral de 2024 pues, ha generado esta parafernalia. Amén de la guerra sucia. Que, si los partidos satélites de Morena van en coalición o solos para el Senado, diputaciones federales o locales, o si lo harán en coalición y dónde. Que, si los partidos que conforman Fuerza y Corazón por México, PRI, PAN y PRD, lo harán en coalición y se repartirán los 10 distritos federales, los 25 locales y las 153 presidencias municipales o en algunos van solos cada partido. Es decir, es una confusión que lo único que habrá de generar es mayor desencanto ciudadano.

Una decena de funcionarios estatales han dejado el cargo, porque aspiran a uno de elección popular. Otro tanto igual, de los que hasta hoy son funcionarios en el ayuntamiento de la Ciudad de Oaxaca, quieren seguir sorbiendo la generosa ubre del erario público y preparan sus renuncias: ahora quieren ser regidores. ¿Dejan el cargo de manera definitiva? ¡No! Dejan a sus incondicionales como encargados para que les cuiden el changarro o tapen los hoyos de sus corruptelas. Es decir, están con un pie adentro y otro afuera.

Quien fuera diputado local o quiere reelegirse o ser candidato a la diputación federal. Decenas de ediles de todo el estado, no sólo de la capital, sueñan con la reelección. Si no se les da, ahí tienen a los hijos, los sobrinos o a sus alfiles a quienes tratan de impulsar. ¿Y el servicio a la ciudadanía, de cuyos impuestos reciben sus salarios y a quien, en última instancia deben agradecer el cargo? Es lo último que importa. Sin duda pues, hacen falta reformas para evitar que este oportunismo y pragmatismo ramplón, siga alentando el abstencionismo.

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