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¡Artemis II está en casa! Aunque el espacio exterior es aterrador, el ingreso a nuestro planeta no es que sea “pan comido”. La tripulación logró el famoso aterrizaje luego de haber visitado la Luna en una misión extraordinaria.
La cápsula de la misión Artemis, en particular la nave Orión, enfrentó condiciones extremas al reingresar a la Tierra. Pudo alcanzar velocidades superiores a los 40,000 km/h, mucho mayores que las de misiones en órbitas bajas, porque regresa desde la Luna.
Durante el reingreso, el escudo térmico tuvo que soportar temperaturas de hasta 2,700 grados centígrados, más calientes que la lava volcánica. Este calor se genera por la fricción con la atmósfera y la compresión del aire frente a la nave.
Además del calor, la cápsula tuvo que resistir enormes fuerzas G, que fueron mayores a 4 o 5 veces la gravedad terrestre, poniendo a prueba tanto la estructura como a los astronautas. También enfrentó vibraciones intensas y cambios bruscos de presión. Una odisea.
