Patricia Briseño
OAXACA, Oax. Ángela Rocío Hernández es una artista plástica conocida como Suké cuya obra está influenciada por el arte de la cultura japonesa, hindú y la fuerza imprescindible de Oaxaca, una fusión divertida que dio como resultado piezas llenas de vida, movimiento, color y deseos oníricos sin límites.
“He conformado mi propio estilo al que he denominado sukeismo, una corriente propia y viva que se transforma a sí misma y a su entorno”, cuenta la artista contemporánea a ORO Radio conocida más por sus murales que por su persona.

Siendo pequeña fue tallerista de distintas Casas de la Cultura del país, pasó por Baja California Sur, Monterrey, Sonora, Veracruz, Ciudad de México y Oaxaca, debido a la itinerancia del trabajo de su papá y a que su mamá “la quería mantener lo más lejos posible de la televisión”.
“Tuve un acercamiento temprano a las artes plásticas, y por consecuencia a la pintura”, recordó.
Fue así que siendo adolescente se acercó a la cultura manga a través de historietas; el comic la atrapó a través de su arte accesible y narración de historias que reflejan la identidad japonesa y su interacción con el resto del mundo.

“Con ingenio logré evadir la regla de no ver tele impuesta por mi mamá, así me acerqué al anime con Dragon Ball, Pokémon, Digimon, Ranma ½, Caballeros del Zodiaco, entre otros, pero lo más importante fue cuando descubrí a Clamp, un grupo de mujeres artistas del manga en el doujinshi (comics de aficionados), que funcionaban en una zona gris”, indicó.
“Fue la primera vez que vi que una mujer sí podría vivir de esto, porque, honestamente, a esa edad sólo sabía que los hombres se dedicaban a la pintura”, comenta.
Posteriormente, a su paso por la carrera de Artes Plásticas de la Escuela de Bellas Artes de la Universidad Autónoma “Benito Juárez” (UABJO) mantuvo su gusto por la animación japonesa, aunque más inclinada por el estilo del dibujo chibi: cabezas grandes, cuerpos pequeños y aspecto infantil para transmitir humor o ternura.

“Durante mi época de universitaria, en el aula me comunicaba con mis compañeros vía dibujos en papelitos (recordemos que el celular aún no estaba tan desarrollado y era una herramienta de unos cuantos). Fue entonces cuando surgen los primeros trazos de Suké en esa comunicación alternativa”, comentó.
La artista oaxaqueña reconoce a Suké, como su alter ego; a casi 15 años de su nacimiento, el personaje se ha multiplicado hasta conformar un multiverso como ocurre en el mundo manga. Este muñequito sí hace lo que Ángela no realiza en la vida cotidiana, como vestirse de colores o asolearse en la playa.
En distintos puntos de la capital de Oaxaca, como hospitales, escuelas, galerías, mercados y establecimientos comerciales, destaca la comunidad Suké en gran formato. Transmite su gozo en las danzas tradicionales; toca en una banda de viento; vende globos en el parque; prepara quesillo; vende esquites y nieve; también hay luchadores, médicos, andan en moto y bicicleta, participan en una calenda, visten trajes regionales, un multiverso profundamente ligado a la identidad cultural del estado.
“También está Suké astronauta, e incluso Suké muxe, a manera de reconocimiento a la comunidad diversa de Juchitán, en el Istmo de Tehuantepec; también está Suké que alude al Autorretrato con mono, de Frida Khalo”, refirió.

Su obra destaca por el uso de colores vibrantes, alegría, amistad y composiciones cargadas de simbolismo. La técnica más utilizada por la artista es el acrílico, por su versatiliadad, secado rápido y soluble al agua.
El encanto de Suké traspasa las fronteras del país al llegar a uno de los museos más importantes del mundo, el Louvre, en Francia, en la sala principal.
De igual manera, en su momento, un cocinero oaxaqueño radicado en China, hizo posible que la comunidad Suké se hiciera presente en una exposición relacionada con el Día de Muertos.
Asimismo, las piezas de la artista están en venta en galerías de España, Francia y Bélgica, entre otros países, donde el público está abierto a propuestas distintas a la tradición pictórica oaxaqueña.

Es de resaltar que el trabajo de la pintora va de la mano con la donación de su obra, sin fines de lucro, a través de la gestión con instituciones de asistencia privada, organizaciones de la sociedad civil y prestadores de servicios. Esta labor, hace posible que Suké ilumine con sus colores y simpatía hospitales, salas de terapia para niños y niñas pacientes oncológicos, con trastorno del espectro autista, Down, entre otras condiciones.
Gracias a su contribución a que infancias y adolescencias retomen los valores que como sociedad hemos perdido, a través del arte, recibió el título de Comisionada Estatal de Oaxaca, otorgado por la asociación civil Iberoamericana de Derechos Humanos.
