Patricia Briseño
OAXACA, Oax. Eran las 7 de la tarde y el silencio en la plaza pública era absoluto. Leticia Gallardo Martínez (Tlahuitoltepec, Oaxaca, 1976) levantó la batuta y, por un segundo, su mente viajó lejos de los reflectores: recordó el ritmo entrecortado de la siesta de sus hijos y las recomendaciones que le hizo al familiar —a quien pidió cuidarlos un par de horas— antes de salir corriendo al ensayo. Entonces, dio el primer tiempo.
Leticia menciona que la maternidad la fortaleció ante las adversidades. Su espíritu alegre y platicador, siempre rodeado de instrumentos, atriles y partituras en el Centro de Capacitación Musical y Desarrollo de la Cultura Mixe (Cecam), se catapultó cuando decidió ser madre autónoma. Esa experiencia la transformó en una ejecutante y directora que ya no solo marcaba el compás; en ella despertó una escucha profunda, “de esas que solo se desarrollan cuando aprendes a descifrar el llanto de un hijo en la oscuridad”.

La compositora, educadora, clarinetista y fundadora de la banda femenil regional Mujeres del Viento Florido, tiene hoy en su hija (25 años) y su hijo (22 años) su mejor ensamble. Ambos siguen sus pasos en esta disciplina artística donde “Lety” —como le dicen cariñosamente— no solo guiaba a los metales o corregía a las maderas, también los cuidó y les dio el espacio para crecer, tal como sus padres hicieron con ella en Tlahuitoltepec, en la Sierra Juárez.
“Un ensamble perfecto es, en el fondo, una familia que sabe escucharse en los silencios”, considera la directora oaxaqueña, comprometida con la preservación de la cultura mixe y la promoción de las mujeres en la música tradicional.

Al frente de su agrupación ha impulsado que niñas, jóvenes y adultas de comunidades zapotecas, mixes y mixtecas participen activamente en la música de viento y percusión, combinando la enseñanza con la conciencia cultural.
Desde joven, Gallardo Martínez decidió empujar y contagiar a otros. “Si una niña agarra un instrumento no es nada malo, sino algo que puede ser bueno para ella”, apunta. Su labor conlleva un doble legado: revitalizar las tradiciones sonoras de Oaxaca y desafiar estereotipos de género, convirtiéndose en una figura clave de la transformación social.

“Al principio era sumamente complicado tocar en una banda mixta, no porque te lo prohibieran, sino por la formación cultural. En una comunidad indígena de usos y costumbres, el rol de la mujer está muy marcado: quedarse en casa, criar a los hijos o cuidar al esposo, todo lo demás —las artes o querer estudiar— era limitado”, explica.
“En mi comunidad hay muchas bandas de hombres, pero la pasión de las mujeres por conformarlas es cada vez más frecuente. En 2009 creamos Mujeres del Viento Florido, llevamos ya 17 años y somos casi 50 integrantes. Durante este tiempo hemos vivido diversas etapas”, comenta, señalando que los mismos padres de familia han reivindicado sus formas de criar.

“Tuvimos obstáculos, pero aprendimos que no es casualidad, sino algo cultural. Ahora estas jovencitas están cambiando los patrones desde su casa y su comunidad. Eso es lo importante. A pesar de lo negativo, siempre buscamos caminos para avanzar”, afirma la maestra.
Al final de la última nota, queda claro para todos: su mejor versión como artista no llegó en una sala de conciertos, sino en la cotidianidad de su hogar. Allí aprendió que dirigir una banda y criar a un hijo requieren la misma materia prima: una paciencia infinita y un corazón que sabe latir al ritmo de los demás.
RECUADRO: NOTAS DE UNA TRAYECTORIA
Mujeres del Viento Florido: El sonido de la Sierra para el mundo
Fundación: 2009, en Santa María Tlahuitoltepec, Sierra Mixe.
Integrantes: Cerca de 50 instrumentistas (niñas, jóvenes y adultas).
Participaciones: Ha representado a México en el Encuentro Internacional de Directoras de Bandas Musicales, destacando el liderazgo femenino en la dirección orquestal.
Colaboraciones de Peso:
Mon Laferte: Participación en el tema “Se va la vida”, un himno de resistencia.
Lila Downs: Colaboración en “Mujercita músico”, celebrando la identidad oaxaqueña.
Vivir Quintana: Interpretación de la emblemática “Canción sin miedo” en lengua ayuujk (mixe), un hito de la música social en México.
Alejandra Robles: Proyectos conjuntos que fusionan la tradición con sonidos afro-mexicanos.
Impacto: Es la primera banda femenil regional que combina la enseñanza musical con una profunda conciencia de género y rescate cultural.
La historia de Leticia y la de la Banda han sido inmortalizadas en el documental “Músicas”, de la cineasta Lila Avilés, donde se muestra cómo estas mujeres redefinen el paisaje sonoro de México mientras preservan la memoria de sus pueblos.
