Patricia Briseño
OAXACA, Oax. En Oaxaca, el oficio de orfebre se niega a morir porque ha sabido preservar la calidad y la belleza de la técnica en cera perdida y filigrana por la que siempre se le ha conocido, y cuya cúspide se tiene en la ofrenda de la Tumba 7 de Monte Albán, en Oaxaca, descubierta por el arqueólogo Alfonso Caso en 1932.

A manera de reconocimiento a esta larga tradición, el Museo Nacional de Culturas Populares a partir de mañana viernes expone “Labradores de Historias”. Orfebrería tradición Oaxaqueña, en las galerías 3 y 4, del recinto ubicado en el corazón de la Alcaldía Coyoacán, en la Ciudad de México.

El trabajo creado en los talleres de las familias Pacheco Pineda, Salgado Téllez y García Esperanza, se reúne por primera vez, cada uno con sus características propias en el arte del moldeado de la plata y el oro, técnicas milenarias usadas al crear alhajas.
Estas familias resaltan por preservar lo tradicional de la elaboración de las técnicas de la filigrana y a la cera perdida; con gran maestría elaboran sus trabajos de manera exquisita y que el público se deslumbra al ver la joyería de magnifica belleza artística.
Nombrados cariñosamente como “los aristócratas de la artesanía oaxaqueña” , las maestras y los maestros populares de la orfebrería son una élite de artistas que realizan una de las técnicas muy elaborada, herederos de la cultura mixteca prehispánica, conocedora de los metales preciosos.

DATO
Apenas una decena de talleres familiares quedan en la ciudad de Oaxaca y sólo unos pocos en la región del Istmo de Tehuantepec, Costa y Mixteca.
Ellos son depositarios de la calidad y la belleza de la orfebrería mixteca, no para fines rituales (como lo hicieron las culturas mesoamericanas), sino dedicadas al goce estético y accesorio indispensable en los huipiles regionales.

